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Pliego a través de los documentos del Archivo Histórico Provincial de Murcia

Interior del Archivo Histórico Provincial de Murcia

Interior del Archivo Histórico Provincial de Murcia
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Pliego en el mapa del término de Mula (Respuestas Generales del Catastro del Marqués de la Ensenada, 1755. Archivo Histórico Provincial de Murcia).

Pliego en el mapa del término de Mula (Respuestas Generales del Catastro del Marqués de la Ensenada, 1755. Archivo Histórico Provincial de Murcia).


  En 1305, según Sánchez Maurandi, el Castillo de Pliego fue vendido por Enrique Pérez de Arana a Farax o Monfarix, moro vecino de Montiel, que pasó posteriormente a la Orden de Santiago, la cual completó así su rosario de dominios que desde Moratalla y Caravaca-Cehegín-Canara como centro, envolvía al reino de Murcia por Cieza, el valle de Ricote, Pliego y Aledo, o Socovos, Letur y Liétor hasta Segura de la Sierra. Pliego fue unida a la Encomienda de Aledo-Totana y, de hecho, sus rentas se arrendaron junto con las de Aledo a principios del siglo XVI.

  Una copia y un traslado de la escritura de venta se conservan hoy en el Archivo General de Simancas y en el Archivo Municipal de Lorca. En este último caso, el traslado del año 1554, es un documento coetáneo de las escrituras de venta que hizo Fernando de Saavedra a varios vecinos de Pliego, como Diego Rubio, Hernán Pérez, o Alonso de Beas, que se conservan en el Archivo Histórico Provincial de Murcia, entre las hojas de un protocolo notarial de Caravaca de la Cruz. También figura en el fondo notarial de este archivo histórico una escritura de 1501 por la que Çad Homar y Çad Alazraque, moros de Pliego, dieron poder a Hamete Homar y Homar Alupe, moros de Pliego y Molina, para que capitulasen con los Reyes Católicos y sus consejeros lo relativo a su conversión cristiana, pues la población pasó entonces a ser morisca, hasta que fue expulsada en 1614, como los moriscos del Valle de Ricote, Campos del Río y Socovos.

  Si ya a mediados del siglo XVI se había dado la adquisición de tierras en Pliego por vecinos de Murcia, como los Saavedra, en 1614, con la expulsión de los moriscos de Pliego, algunos de estos absentistas de la capital perdieron los productos de sus rentas, como el convento agustino de la Arrixaca. Por otra parte, en los años anteriores las dificultades de aprovisionamiento de cereales hizo que el Concejo de Pliego sufriera diversos procesos de ejecución, por insolvencia en el pago de los servicios de millones y otras rentas, que administraban los diputados de Murcia en todo su partido.

  Con el paso del tiempo, la villa se fue repoblando de cristianos viejos y fueron puestas en explotación nuevas tierras, mientras que otras cambiaron su estatuto, de vinculadas a subrogadas. En 1723, don Pedro de Saavedra Barrionuevo, barón de Albalat, Segat y Comediana, subrogó el vínculo fundado en 1569 por doña Leonor Saavedra y Dávalos, viuda de Antonio Hurtado, para lo que fue facultado por Felipe V, y en concreto una hacienda situada en Pliego (54 peonadas de viña y 30 tahullas de morerales en el pago de Santurrón, más 16 fanegas de tierras cerealeras en el pago de la Cañada del Chorro, con 12 horas de agua, 7 en las balsas y 5 en la tanda de Santiago, y una casa en la población), con el fin de permutarla por unas casas que tenía en Murcia, vinculadas a un patronato fundado por don Diego Saavedra Fajardo, plenipotenciario en la Paz de Westfalia y famoso escritor, al que quedaron agregadas.

  En el siglo XVIII a los Saavedra se unieron otros grandes hacendados procedentes de fuera, como los Angeler de Cartagena, regidores municipales. Pero para la mayoría de la población gran trascendencia tuvieron los pleitos que sostuvo el Ayuntamiento de Pliego con el de Mula por conservar la integridad de su territorio, rodeado totalmente por el de la villa cercana, señorío del marqués de los Vélez. El Archivo Histórico Provincial de Murcia ha recibido en donación hace poco un extenso apuntamiento del transcurso del pleito, posiblemente jurídico, donde se da una gran información sobre sus peripecias.

  Las reformas borbónicas de mediados del Setecientos y, en concreto, la realización del Catastro del Marqués de la Ensenada (1749-1770), del que se conservan los libros vecindario, reales de eclesiásticos y seculares, y de interrogatorio y respuestas generales en el mencionado Archivo, permiten hacer numerosos estudios e investigaciones sobre la población y sus recursos. Por otra parte, la fiscalización de los recursos económicos está recogida en los diversos registros y contabilidades de los órganos hacendísticos: la Superintendencia de Rentas Reales del Reino (1656-1712), la Intendencia de Provincia (1712-1836), las Contadurías de Rentas, Crédito Público, Arbitrios de Amortización, Bienes Nacionales, etc (1798-1882).

   Vicente Montojo Montojo

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