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Historia de la iluminación en Fuente Álamo

Fuente Álamo 114

Fuente Álamo 114
Juan Francisco Belmar González

Fachada del Ayuntamiento de Fuente Álamo, 1968 [Fuente Álamo_ Historia]
Fachada del Ayuntamiento de Fuente Álamo, 1968

Fuente Álamo, al igual que otras localidades pequeñas  no disponía del presupuesto necesario para atender las demandas de sus habitantes  en este sentido, por lo que habrían de ser los propios  vecinos los que tomasen la iniciativa de comprar los faroles, tal como ocurriera en Mula y San Javier. Este hecho tuvo lugar en noviembre de 1878 y el Ayuntamiento, presionado de este modo, decidió correr con el gasto del petróleo que abasteciera los diez faroles instalados y la compra de la escalera necesaria  al servicio.

Ocho años después, en febrero de 1886, el consistorio despierta de lo que parece ser un largo letargo e invierte en iluminación otra vez con la compra de cuatro faroles y la reparación de los que estaban rotos. Hasta ese momento, tampoco se  había tenido sereno, ejerciendo en calidad de tal Alfonso Andreo Siscares a quien los vecinos pagaban voluntariamente los domingos por este servicio. A partir de 1887 se le encargó también el suministro de petróleo por una cantidad de 475 pesetas anuales pagaderas por trimestres vencidos. Por cierto que ese año debió ser especialmente bueno ya que también se decidió iluminar Balsapintada con un costo añadido de 75 pesetas anuales, según presupuesto, cantidad  que a todas luces resultó exigua, motivo por el que simplemente se entregó, a modo de ayuda, al vecino representante de aquél partido, Enrique Meroño García, comunicándole que el resto de los gastos habrían de correr por cuenta de sus convecinos.

A comienzos de los años noventa aún continuaba como subastero del petróleo y sereno de Fuente Álamo, Miguel García Castro, aunque con un presupuesto idéntico al de la década anterior. La austeridad consistorial  fue tal durante aquél largo decenio que hubo de aguardarse a 1892 para poder comprarle al sereno un simple capote, que por cierto se compró en Cartagena y costó 22 pesetas. Concluyendo el siglo, en 1897, se cambió de subastero, adjudicándose el  suministro de petróleo a Pedro Conesa Vera por 499 pesetas anuales. Lamentablemente la nueva centuria trajo graves dificultades económicas y como consecuencia la oscuridad volvió a enseñorearse de las calles de Fuente Álamo durante un largo periodo de años ya que hubo de esperarse a los últimos días de 1920 para que el ayuntamiento pudiese volver a plantearse la iluminación pública. Fue con motivo de las fiestas de navidad cuando varios concejales propusieron contratar  el servicio y, a ser posible, eléctrico.

Por fin, la luz

En junio de 1926 Fuente Álamo abrió por fin sus puertas a la modernidad  aprobando el proyecto de Antonio García Alemán para la electrificación de su alumbrado urbano. La instalación presupuestada en 1.400 pesetas se pagaría en dos plazos  mientras que la energía, 1.000 bujías, se contrataba  por 200 pesetas mensuales. La central se instaló en la calle de los Pescadores y, finalmente, en diciembre de aquél mismo año la electricidad iluminó las calles.

Un año después se planteó la necesidad de crear el cargo de vigilante nocturno y con fecha de enero de 1928 se nombró a Lucas Alcaraz García para el puesto. Sin embargo,  a los pocos meses fue sustituido por Esteban Soria Soria que, a su vez dejó el empleo en mayo de 1929. Precisamente con esta misma fecha el Ayuntamiento decidió cambiar de "compañía eléctrica", por lo que a finales de ese año comenzó a  trabajar con Eugenio Buendía García por 220 pesetas mensuales. Cambia también  por aquél entonces, y una vez más, el vigilante nocturno en la persona de Ángel Marín Conesa a quien se le pagaría un sueldo mensual de 100 pesetas. A tenor de la escasa permanencia de la mayoría de los titulares en este puesto, el cargo debía de ser harto conflictivo porque también este último es sustituido al poco tiempo.

En febrero de 1934 se acuerda por fin  instalar el alumbrado en todas las diputaciones del término, hay que recurrir al viejo sistema  más barato del petróleo y a comienzos de 1935 al  nombrar  vigilante honorífico de Las Palas a José Hernández Ros, solo puede prometérsele que algún día será remunerado por sus servicios.  

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