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Una batalla en las llanuras de Alhama en 1165

Relieve del Filósofo, hallada en una excavación arqueológica en el centro de la ciudad de Murcia

Relieve del Filósofo, hallada en una excavación arqueológica en el centro de la ciudad de Murcia
Antonio Vicente Frey Sánchez

Pico Vertedor de una cerámica con cabeza zoomorfa

Pico Vertedor de una cerámica con cabeza zoomorfa
Antonio Vicente Frey Sánchez

Muralla del Alcázar de Murcia
Muralla del Alcázar de Murcia
Antonio Vicente Frey Sánchez

En el año 1147, Muhammad b. Sa'ad b. Mardanish, el célebre rey Lobo (1124 - 1172), se hizo con el poder en Murcia estableciendo un emirato que llegaría a perdurar hasta el mismo año de su muerte. Durante este tiempo Murcia alcazó un alto grado de prosperidad merced a un potente desarrollo económico y social facilitado por el empuje comercial de los murcianos y la riqueza entonces concentrada.

Durante todo este tiempo, el oriente musulmán de la Península reconoció a aquel emir, que llegó a establecer unas fluidas relaciones con los reinos cristianos del Norte. Frente a él se encontraban los almohades, un imperio norteafricano recién formado con ambiciones de incluir a los estados árabes de la Península Ibérica en su conjunto. La conquista por estos de la ciudad de Sevilla en 1147 fue el primer paso para la anexión de estos territorios.

Desde prácticamente ese mismo año hasta la conquista de Murcia en 1172, Ibn Mardanish dirigió la resistencia andalusí contra el dominio almohade, siendo protagonista de varias escaramuzas contra ellos.

En esta ocasión se muestra una de las escaramuzas mejor documentadas. Transcurrió el 15 de octubre del año 1165 en las proximidades de Alhama de Murcia, en su llanura. Por un lado el sayyid Abu Hafs, caudillo de los almohades, por el otro, el propio Ibn Mardanish. Un célebre panegirista almohade, Ibn Sahib al-Sala describió la confrontación que realmente tuvo un preliminar el día anterior: 'Salió [Ibn Mardanish] con ellos [con toda la tropa, incluídos auxiliares castellanos] de Murcia, su residencia, al encuentro de los almohades que estaban en la ciudad de Lorca; avanzó hacia ellos con sus tropas y guarneció un desfiladero en el camino contra ellos, que no les permitía el paso, sino después de un encuentro. Pero los almohades se desviaron de este paso hacia el llano, llamado al Fundun, por un camino más ancho y por una parte más segura, y llegaron a Lorca por el Oeste, estando el rebelde con su ejército en sus cercanías. Entonces ellos [los de Ibn Mardanish] levantaron el campo de sus cercanías y se dirigieron por su camino hacia Murcia [...] aquel día marcharon los dos ejércitos, el de los almohades por el lado de la montaña a la derecha del camino; y el ejército de Ibn Mardanish, por la izquierda del camino, en la otra montaña, siguiendo así todo aquel día.

'Al llegar el viernes [el día 15 de octubre], llegaron al llano, a la puesta del sol de aquel día, donde empieza el llano de Murcia, al lugar conocido por Hamat bi l quad o Llano de al Yallib, a diez millas de Murcia. El ejército de Ibn Mardanish se detuvo y se dispuso a la defensa; y los almohades desplegaron sus tropas numerosas e izaron sus banderas victoriosas, formaron sus líneas, formaron sus líneas y revistaron sus tropas. 'Ibn Mardanish los atacó con sus soldados y sus amigos cristianos, los primeros, en tres acometidas, la primera contra los árabes y las otras dos contra los almohades [...] y se marchó el sol del día, al acercarse las tinieblas seguidas de otras. Se tropezaron caballero con caballero, crecieron las heridas de las lanzas penetrantes y los golpes de las espadas [...] empleadas por los árabes, hasta que Dios le concedió la victoria a los musulmanes y volvieron los infieles las espaldas; lo cual fue [...] su perdición. [...] Lucharon cuerpo a cuerpo, y la mayoría de ellos cayeron derribados, y huyó Ibn Mardanish derrotado, abandonando el campo de batalla sus partidarios y aliados, [...] y se detuvieron, discutiendo y riñiendo, y no encontraron salida del camino, que les cerraba el paso, ni su defensa, sino en las acequias, que cruzaban, resguardándolos y ocultándolos [...] y se acogió a la montaña próxima al campo de batalla, donde montó la tienda de campaña [...] y se mantuvo con sus restos fugitivos y derrotados durante aquella hora del fin del día hasta lo cubrió la noche y lo rodeó la pérdida y la desgracia. Montó entonces a caballo y huyó a Murcia, y se escondió en ella, derrotado y fugitivo, humillado y afrentado.

Aunque el autor de la crónica se decanta tendenciosamente hacia los almohades lo que obliga a obervar con prudencia los datos expuestos, es incuestionable que la batalla terminó siendo desastrosa para el emir de Murcia.

Los acontecimientos condujeron a un precipitado asedio de una fortísima ciudad de Murcia:

'Entonces los almohades levantaron el campo, al amanecer del día siguiente [...] y se dirigieron a Murcia en su persecución. Acamparon en su llano, y se establecieron en él [...] en su vega y en su lugar de descanso de su residencia [se está refieriendo al Castillejo de Monteagudo], a la vista de ella, en las afueras de Murcia, destruyendo sus jardines, y permitiendo toda clase de licencias en los lugares de su esparcimiento y diversión'.

El fracaso del sitio obligó a levantarlo a los pocos días. Nuevamente, en 1171, ya muy debilitado tanto Ibn Mardanish como su emirato, se repitió el sitio. A los pocos meses moriría de un ataque cardiaco, a los 48 años, el caudillo murciano dentro de sus murallas, no sin antes recomendar a sus hijos que alcanzaran un acuerdo favorable con sus eternos enemigos.

Antonio Vicente Frey Sánchez

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