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Historia de la iluminación en Águilas

Joaquín Payá
Joaquín Payá

En 1856 se abastecía de luz nocturna el puerto y en 1858 se consignaban 6.800 reales para su ampliación. A 7.775 reales de vellón ascendía el presupuesto anual de esta localidad en torno a 1861, pero al año siguiente ya había subido a  8.230 reales. En esta cantidad se incluían materiales y faroleros. Presupuesto y población van aumentando paulatinamente alcanzando la cifra de 1.648 habitantes en 1866. Décadas después, concretamente en 1890, el servicio costaba 5.000 pesetas anuales y el arrendatario era Diego Muñoz Sánchez que sería sustituido en 1898 por José Román García, por el mismo presupuesto. Dos años antes el concejal encargado del alumbrado era Antonio Sánchez Fortún que contemplaba un presupuesto de 6.000 pesetas para  los 160 faroles existentes

Con un afán de renovación y de mejorar imagen, en septiembre de 1899 se trajeron de Valencia muestras de faroles al tiempo que los particulares abandonaban el uso del petróleo en favor del acetileno. El paso a la electricidad y el posterior  desarrollo de su alumbrado resultó tan caótico como en Mazarrón, lleno de avances, retrocesos y contradicciones. En marzo de 1890 el ayuntamiento contrató el  supuesto último servicio de alumbrado al uso anterior, es decir, por petróleo, con  Enrique Ferrer Perier. Y en 1894 ya  firmó contrato para alumbrado eléctrico con Carlos Courteille. Este ingeniero francés, vecino de Águilas, presentó con fecha 8 de junio al ayuntamiento un proyecto para la electrificación del casco urbano. En el documento se comprometía a inaugurar el alumbrado con 300 lámparas de 16 bujías, antes del 15 de diciembre siguiente. A cambio, pedía 7.250 pesetas mensuales y la exclusiva pública y privada, por un período de 30 años. El mismo mes de presentada su propuesta el pleno aprobó las condiciones impuestas sin embargo, pese a todo pronóstico, el proyecto nunca llegó a ser realidad. En 1896 el ayuntamiento  lo intenta de nuevo convocando otra  subasta ofreciendo 9.000 pesetas anuales por 300 lámparas. Pero  llega septiembre de 1900 y se hace necesario recurrir  nuevamente a una contrata para alumbrado por petróleo "mientras se termina de instalar" -se dice- el sistema eléctrico contratado meses antes con Amador Cuero Ylera, vecino de Madrid.

Casa Consistorial de Águilas (siglo XIX) [Águilas_Historia]
Casa Consistorial de Águilas (siglo XIX)

En diciembre de ese mismo año se vuelve a convocar contrata para la instalación de electricidad pero esta vez no se presentan licitadores, motivo por el que el ayuntamiento se decide a  contactar con la Compañía Española de Gas-aerógeno, sistema Wan Urieland. Contacto que no llegaría a concretarse en encargo. Meses después, en agosto de 1901, aparece otro aspirante a la concesión de electrificación: Juan Martínez Cánovas, vecino de Linares, quien doce meses después continuaría pidiendo al ayuntamiento prórrogas para terminar las obras de instalación, motivo por el que todavía en 1902 Águilas sigue alumbrándose a base de petróleo y así continuará hasta, al menos, febrero de 1903. Habrá que aguardar  al mes de abril de ese año para conseguir que entre en servicio el nuevo sistema y cuando lo hace es de la mano de otra empresa: Compañía Eléctrica Levantina.

Eléctrica Levantina

La concesión del anterior contratista de electricidad, Juan Martínez Cánovas no debió quedar completamente inhábil puesto que acabó dando algún servicio en la zona ya que en octubre de 1904 aparece solicitando permiso para tender una red que abastezca de energía para uso particular e industrial. Pero mal debió irle también a Eléctrica Levantina puesto que en febrero de 1906 el  alcalde tomaba medidas para que los empleados no cortasen "arbitrariamente el alumbrado público y poder reprimir tal desmán". Entre tanto, la compañía reclamaba, por su parte, las cantidades que se le adeudaban. Así las cosas, Eléctrica Levantina vende ese verano su red a una nueva compañía, Electra Aguileña finalizando sus servicios en diciembre de 1906 sin que aún la nueva compañía pudiera empezar a surtir el alumbrado (su instalación fue autorizada por el gobernador en mayo de 1909). Para  solucionar el problema el ayuntamiento se vio obligado a instalar un sistema provisional a base de carburo que funcionó en todas partes salvo en algunos puntos concretos.

Las oficinas de Electra Aguileña se ubicaron en la calle Rey Carlos. Algunos años más tarde la empresa se vino abajo. En junio de 1920 su presidente  Eloy Puche convocaba a los accionistas para deliberar sobre la disolución y meses después, en diciembre, Joaquín Payá y su empresa Eléctrica del Segura era ya  el nuevo proveedor. A finales de 1923 y comienzos de 1924 el ayuntamiento y el suministrador mantuvieron una agria polémica por el mal estado de las líneas y la tarifa del alumbrado.

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