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Arte Medieval Cristiano. Arte Gótico

Bernabé de Módena. Políptico de la Virgen de la Leche. Ca.1372-1376. Santa Iglesia Catedral de Murcia

Bernabé de Módena. Políptico de la Virgen de la Leche. Ca.1372-1376. Santa Iglesia Catedral de Murcia
Fundación Cajamurcia

Detalle del Niño de la Virgen de la Leche

Detalle del Niño de la Virgen de la Leche

Maestro de Puxmarín. Retablo de San Miguel (detalle)

Maestro de Puxmarín. Retablo de San Miguel (detalle)
Fundación Cajamurcia

Políptico de Santa Lucía

Políptico de Santa Lucía

Maestro Puxmarín. Retablo de San Miguel. Ca.1420. Santa Iglesia Catedral. Murcia

Maestro Puxmarín. Retablo de San Miguel. Ca.1420. Santa Iglesia Catedral. Murcia
Fundación Cajamurcia

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Pintura gótica en retablos
Políptico de la Virgen de la Leche, del pintor Bernabé de Módena [Retablo de la Virgen de la Leche]
Políptico de la Virgen de la Leche, del pintor Bernabé de Módena
 
Maestro de Puxmarín. Retablo de San Miguel (detalle)
Maestro de Puxmarín. Retablo de San Miguel (detalle)
Fundación Cajamurcia

     Durante el Medioevo el oficio pictórico era una artesanía en la que, además de un maestro pintor, trabajaban ayudantes y principiantes en talleres donde se disponía desde la preparación de las tablas o pergaminos hasta la molturación de los colores. Un pintor podía llegar a ser algo más que un pintor artístico, tal y como hoy día lo entendemos, podía ser un decorador y un creador de ingenios, aunque con el tiempo los nombres de los pintores irían ganando renombre y, en algunos casos, se convertirían en referentes incluso en algunas cortes.

     Pese a que Murcia tuvo sus ordenanzas y algunos nombres de pintores han llegado a través de las fuentes a nuestros días, si ya son escasos los ejemplos de escultura medieval o gótica en Murcia, los de pintura se reducen a los polípticos que se conservan en la catedral de Murcia. Se trata de obras dedicadas a la Virgen, a Santa Lucía y a San Miguel Arcángel y que hoy día se exponen en el museo catedralicio. Son obras de pintura al temple sobre tabla donde abunda la tradicional hoja de oro fino.

     El retablo conocido como Virgen de la Leche es una obra realizada por el pintor italiano Bernabé de Módena. Se trata de un encargo para ornamentar la capilla de los Manueles, en la catedral de Murcia. El poder e influencia de la familia de los Manuel en Murcia se prolongó durante varios años del siglo XIV lo que favorecería la creación en la catedral murciana de una capilla propia a la distinguida familia de los Manuel, nos queda claro que este retablo, y los donantes que en él aparecen (quizá la reina Juana Manuel y su primo Juan Sánchez Manuel –aunque algunos autores consideran que se trata del padre de la reina, don Juan Manuel, ya fallecido durante la ejecución de la tabla–) es un encargo expreso al famoso pintor Bernabé de Módena, que por los años de ejecución estaba en el apogeo de su carrera.

     Bernabé de Módena trabajaba en las ciudades de Pisa y Liguria y su estilo pictórico estaría anclado siempre en la inspiración bizantina. Esta tabla, a la que faltan los remates superiores, representa a la Virgen María amamantando a Jesús, un tema muy común en la iconografía románica y gótica. Además del tema principal podemos ver escenas de la Anunciación y el Juicio Final y a diversos santos, Santa Ana, Santa María Magdalena, Santa Clara, San Antonio Abad, Santa Lucía y San Nicolás, junto a estos dos últimos aparecen los donantes del cuadro.

     El Políptico de Santa Lucía es el segundo retablo de Bernabé de Módena que podemos encontrar en el museo catedralicio, si bien algunos especialistas ven varios pinceles en la obra y solo aseguran la completa autoría del de Módena en la Crucifixión y en la imagen de la misma Santa Lucía. Este retablo fue un encargo de uno de los donantes que aparecen en la parte inferior, Fernando de Oller, muerto en 1418, que había fundado una Capellanía de Santa Lucía en la Iglesia de Santa María, hoy Iglesia Catedral.

     Todo parece indicar, según nos explican en un artículo los profesores Torres-Fontes, que Fernando de Oller, tras admirar la capilla catedralicia de los Manuel, en la que se exhibiría el Retablo de la Virgen de la Leche, habría sentido el deseo de emular aquel esplendor artístico en su capilla dedicada a Santa Lucía. Y quizá la advocación a Santa Lucía se deba a alguna patología ocular que afectara al donante, puesto que sabemos que en 1384, siendo regidor, no pudo asistir a una reunión del concejo por estar “doliente de los ojos”.

     El contacto entre Fernando Oller y alguno de los comerciantes genoveses que trabajaban en Murcia pudo propiciar la compra de este retablo, estimando que llegaría a Murcia en torno a 1394. Pero en este caso se trataría de la compra de una obra ya hecha por el pintor, que había muerto en 1386.

     Predomina en estas obras el hieratismo de las figuras, siempre sobre fondos de oro fino al agua y en un temple que deja ver unas tonalidades cálidas que, en el caso del manto de la Virgen de la Leche siguen los preceptos de dibujo de la iconografía oriental. No se puede considerar a Barnaba da Modena como un pintor de vanguardia en el Trecento italiano. Muy al contrario de otros pintores del comienzo renacentista, como Giotto, Buoninsegna, Cimabue o Martini, Modena se retrotrae a las efigies y composiciones de estilismo bizantino que seguían siendo apreciadas por clientes y público.

     El otro políptico gótico catedralicio es el conocido como Políptico de Puxmarín, por haber decorado la capilla que el deán Puxmarín encargó. Aunque no ha sido posible por el momento identificar al autor, la obra se encuadraría dentro del estilismo de la pintura valenciana de principios del siglo XV, que, a su vez, tiene grandes débitos a la estética catalano-aragonesa.

     Desde un punto de vista iconográfico la obra, que se divide principalmente en tres paneles de madera con cornucopias y subdivisiones internas, tiene como protagonista al arcángel San Miguel, que preside la tabla central que queda rematada con una representación del Calvario y una Anunciación repartida entre los dos paneles laterales.

     Que el arcángel venza al Diablo, representado como un dragón, es solo parte de una extensa línea, podríamos decir divulgativa, que recuerda al espectador el Juicio Final de las almas y los peligros a los que esta queda expuesta en su camino de trascendencia. Las alusiones al cielo, al infierno y al purgatorio son claras y quedan jerarquizadas de manera vertical en todo el políptico, pero en escenas independientes.

     Sin duda es el arcángel el que protagoniza varios de los segmentos del políptico, en su lucha con el Maligno, en el juicio de las almas, etc. La visión del cielo, lejos de representar un ambiente áureo y amplio nos muestra una curiosa arquitectura donde hombres santos esperan y salen a la puerta del edificio en el que aparecen. El purgatorio muestra la curiosa característica de los niveles en que las almas son aceptadas, mientras que el infierno es una montaña, a través de la que podemos ver, con un cráter por el cual los demonios introducen a los condenados.

     Entre las molduras de oro fino quedan las representaciones de algunos santos, y todo el borde inferior muestra un repertorio de los mismos, a la manera de las tablas de tipo bizantino.

Sacra Cantero Mancebo

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