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María Dolores Andreo

Más allá del mar (1992) [Alhama de Murcia_María Dolores Andreo]
Más allá del mar (1992)

Expresionismo y juventud 

En estos primeros años, la pintura de María Dolores Andreo se centró en unas litografías (técnica aprendida con Papagueorguius) que muestran el rostro de Cristo. Con ellas se dio a conocer, impresionando a críticos y artistas, y escandalizando a los más conservadores del momento.

Esos Cristos fueron una aportación fundamental a la vanguardia española de la primera mitad de los años sesenta del siglo XX, y dejaron una huella que llega hasta la actualidad. Pero Andreo no quería encasillarse en una sola temática y dio un giro a su obra.

Obra: Cabeza de Cristo (1960).

Búsqueda de nuevas formas expresionistas

Desde 1965 la pintora alhameña se consagró como un nombre imprescindible del nuevo arte español. En lo que resta de década siguió por la senda del expresionismo, aunque con planteamientos técnicos diferentes: grabado, óleo, acrílico, etc.

Si bien era expresionista, el pincel de María Dolores Andreo daba mucha importancia a la línea y la construcción de la pintura. Predominaba el color negro aplicado con trazo largo, directo y grueso. Aunque obtuvo numerosos reconocimientos nunca hizo concesiones al mercado.

Obras: La Bruja (1963), Figuras (1963) y Sin título (1964).

Madurez artística

María Dolores Andreo entró en lo años setenta del siglo XX con vocación simplificadora. La policromía se impuso sobre el negro. Estilizó la figura humana. Abandonó, de forma progresiva, el expresionismo de sus primeros años en busca de figuraciones más complejas. Se encontró, en definitiva, con la madurez artística.

Obras: Composición (1972) y Marina (1972).

Amor por el Mediterráneo

Durante la década de 1980, redujo el número de sus exposiciones y se encerró en su mundo de formas. Los críticos, poetas y pintores que alababan la obra de María Dolores Andreo vieron en ella la plenitud. Sus paisajes, bodegones y figuras humanas surgían del recuerdo de su tierra natal. Comenzaron a hacerse famosas sus marinas.

Obra: Emergió del mar (1989).

Lo apolíneo y lo dionisiaco

En los años noventa del siglo XX la artista alhameña inició una nueva etapa, en la cual sus obras se dividen en dos planos. En uno sitúa lo geométrico, en otro lo real y cambiante. El resultado es un limón frente a una estructura arquitectónica, o un mar dentro de cuatro paredes. Asimismo la gama cromática de los morados cobra una importancia creciente.

Obras: Más allá del mar (1992) y Composición con fruta (1993).

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