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Escultura

 Desnudo, Casino de Murcia

Desnudo, Casino de Murcia

Tres cabezas de niños 1933

Tres cabezas de niños 1933

Boceto de San Isidoro-1951

Boceto de San Isidoro-1951

juego de muchachos

juego de muchachos

Con el bosquejo del apóstol Felipe

Con el bosquejo del apóstol Felipe

Nacimiento de Jesús

Nacimiento de Jesús

La familia

La familia

Relieve de Antonio Campillo

Relieve de Antonio Campillo


Desde que Hildebrant en 1893 opinara que lo importante es el boceto previo a la escultura, muchas cosas cambian en los conceptos escultóricos. El diseño va cobrando fuerza y de aquí se pasa a los nuevos materiales y a las nuevas formas de utilización de los mismos. La escultura ya no tendría porqué ser un arte dedicado a extraer de la materia el objeto deseado, pronto el diseño y el encargo a profesionales artesanos de ciertos materiales irán proyectando la nueva escultura contemporánea.

Los escultores murcianos no pueden ser ajenos a la evolución de los conceptos artísticos, a pesar de que el país y la región estén lejos de los ámbitos de debate. El siglo XX es revolucionario porque no puede por menos que serlo, la plena actividad industrial (lo que comenzó siendo “revolución industrial” es ya parte de la vida moderna) agrede de alguna manera el trabajo artesanal, los nuevos materiales se van imponiendo porque desde la arquitectura ya no se pueden permitir ciertos principios académicos que indican qué material es más noble y cual es más vulgar. España no queda dentro de la lista de países industrializados más allá de ciertos ámbitos regionales, no es que la artesanía se mantenga es que es más difícil estar al día en nuevos conceptos y atrevimientos artísticos, el cubismo, pese a estar inaugurado y practicado por españoles queda lejos de Murcia, lo que no quiere decir que sus ecos no lleguen a sus artistas. Pero la sociedad murciana pudiente no está interesada y el artista necesita encargos.

Ámbitos públicos como el Ayuntamiento o la Sociedad Económica del País permitirían a algunos artistas, como los José Planes y Juan González Moreno, conocer lo que se hace fuera e intentar estudiar los nuevos materiales en algunas de sus obras. Planes y González Moreno son quizá la mejor representación de una nueva oportunidad para la escultura murciana, pese a que la obra del segundo es eminentemente religiosa porque han sido esos encargos los más llamativos y reconocidos de su carrera.

La escultura de Planes, muy del gusto de Henry Moore, tiene varias vertientes, por un lado la escultura realista aunque moderna, la más conocida es la de su obra para espacios públicos. Por otro lado encontramos su escultura más innovadora, la que sigue las formas contenidas, no sigue las raíces cubistas u orgánicas de un Gargallo pero en algunas de sus piezas opta por un estudio de volúmenes a lo Brancusi o Modigliani. Y Planes no es precisamente un intelectual, como tampoco lo serán otros escultores contemporáneos murcianos, pero no evita acercarse a las nuevas tendencias aunque detrás de estas la evolución de los presupuestos estéticos sea algo arduo y medido. Incluso en su obra de imaginería Planes se apartó de lo salzillesco.

De González Moreno poco se podría añadir a estas alturas, si bien los estudios sólo parecen interesados en su obra de imaginería, que aporta fama a las cofradías pasionarias y decoración a algunos monumentos religiosos de referencia en Murcia como su Santuario de la Fuensanta. Pero detrás del imaginero hay un escultor que labró una obra interesado por los escultores contemporáneos italianos como Manzú y Martini, que se ejercitó en materiales nobles pétreos y que mostró interés por lo profano aunque lo devocional le diera fama y estima.

Existen otros escultores, figuras como las del cartagenero Ardil Robles, autor autodidacta, trabajador industrial con talento para la escultura que pronto haría trabajos de modelado muy apreciados por sus contemporáneos. Ardil es una de esas figuras tan comunes en el mundo del arte y de las que en la propia Región tenemos varios ejemplos con facultades excepcionales para las artes plásticas aunque sin escuela o maestros. Aunque Ardil se dedicó a la escultura académica y formal, incluso salzillesca, como el encargo de los cuatro santos cartageneros, llegó a saber captar algunos conceptos esculturales modernos y dejar obras realmente novedosos para la época y el lugar.

En Murcia, hasta los años 60 y 70 del pasado siglo XX, la escultura se sigue orientando hacia la temática religiosa, la más querida por un público algo provinciano que no está relacionado con el arte profano y mucho menos con las vanguardias. El costumbrismo y lo piadoso copan los encargos de escultores como Planes y González Moreno, conocedores de otros estilos y movimientos pero sin encargos que les permitan dedicarse profesionalmente a la escultura artística libre de compromisos religiosos. Sólo las carrozas y los juegos florales permiten a muchos artistas expresarse en lo mundano, pero de una manera efímera.

Serán los años sesenta y setenta del XX los que den artistas como Pedro Pardo y Elisa Seiquer, que crean obras que suponen un paso más para la escultura murciana, con temáticas quizá no muy vanguardistas en el contexto internacional pero necesarias en el contexto local, demasiado anclado en los viejos gustos de la burguesía e incipiente clase media, sin contacto con la realidad artística que vive el mundo del arte desde comienzos de siglo.

No hay que olvidar la proliferación de galerías como Zero y Chys o la apertura de librerías como Yerba, estos son los imánes que atraen a Murcia la vanguardia y el debate, un autentico revulsivo para la escultura local.

Otro nombre sería el de Antonio Campillo que optaría por unir costumbrismo y modernidad a través de una escultura, principalmente de bronce, que se acerca a la tradición con una visión muy personal, en su tema más recurrido: el de la mujer murciana.

Sin embargo hay que recordar una de las particularidades de la escultura contemporánea: los nuevos materiales y la necesidad de acudir, en muchas ocasiones, a fundidores, soldadores y expertos en esos materiales que van más allá de la piedra, el mármol o la madera. Las vanguardias artísticas, supusieron tal revolución en el concepto del arte que el artista  puede ser sólo un diseñador, necesita de otros para recrear sus obras o contar con espacios de creación que son mucho más grandes y técnicos que el viejo atelier. Artistas como Elisa Seiquer acusarán estos cambios que exigen de un esfuerzo económico importante y una servidumbre que, en muchas ocasiones, el artista no puede asumir.

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