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Escultura

La Conversión de la Samaritana

La Conversión de la Samaritana

Angelitos de la Dolorosa

Angelitos de la Dolorosa

Santa Cecilia

Santa Cecilia

Dolorosa arrodillada ante la Cruz

Dolorosa arrodillada ante la Cruz

La Dolorosa

La Dolorosa

La guardia de Herodes (Belén Salzillo)

La guardia de Herodes (Belén Salzillo)

Tras el final del barroco la escultura sigue en el mundo occidental la senda que las nuevas ideas, conocidas por la Historia del Arte como neoclásicas, van imponiendo en las formas artísticas y los gustos estéticos. El gusto por los cánones clásicos resurge progresivamente, las ideas de los escultores barrocos o de las referencias siempre actuales, como el caso de Miguel Ángel, se cuestionan o se debaten.

Es fácil seguir la escultura en Europa después de las grandes obras de los maestros renacentistas. Es fácil pero lo cierto es que la escultura sufrió una recesión importante en cuanto a obra y autores, parece que después de la explosión renacentista todo en las Bellas Artes es distinto, lógicamente esto responde a toda una serie de cambios científicos, sociales y políticos.

Después del Barroco, menos abundante que el Renacimiento y, especialmente, después de Canova la escultura sufrirá un descenso en producción e interés estético en toda Europa. No es que no haya escultores o escultura, teniendo en cuenta que la escultura para espacios públicos irá en aumento, sino que no hay investigación o reflexión en torno a ella en la misma proporción que en la pintura. Si el neoclasicismo y el romanticismo es difícil de encontrar en Murcia en las artes plásticas, la escultura, más allá de los encargos devocionales es prácticamente inexistente.

Sin duda podemos afirmar que Francisco Salzillo y su obra son una parte importante del arte en Murcia y en particular de la escultura. La figura más sobresaliente y más influyente, tan influyente que incluso la actividad escultórica en Murcia en siglos tendrá difícil despegarse de los requerimientos estéticos salzillescos e incluso los escultores mismos de hacer otra escultura con éxito que no fuera religiosa.  Si bien en España y especialmente en Europa la escultura continúa evolucionando hacia nuevos conceptos, con nuevos nombres que tratan de plantear nuevas ideas o de debatir las ya planteadas (qué es la escultura, qué es el modelado) en Murcia no podremos ver nuevas formas o criterios hasta avanzado el siglo XX, toda forma escultórica quedará relegada a las imágenes de devoción, donde surgirán nuevos nombres, como el de Roque López, muy afín a  Salzillo, con quien se formó.

Al igual que en Murcia no hay apenas rastro de Neoclasicismo en su arquitectura, sucederá lo mismo con su escultura- El momento histórico, en Occidente, es muy relevante para comprender el cambio en la estética, en ese dejar atrás el barroco; los cambios políticos y las nuevas filosofías, ayudados por un redescubrimiento de lo clásico a través de la arqueología, suponen una escultura nueva, con mayor número de obras profanas, pero con escasos autores que supongan una nueva referencia como Canova o Thorvaldsen. En el Neoclasicismo no se trata de copiar lo antiguo sino de crear arquetipos.

Pero también el final del XVIII y el XIX es el momento del romanticismo histórico. En el neogótico, en el neorománico etc., se busca cierta pureza, incluso se busca lo sagrado porque los planteamientos más intelectuales no siempre apasionan a todos los artistas. Quizá podríamos enmarcar la escultura murciana de esta época dentro de esta última opción, si bien en el territorio español no hay movimientos filosóficos nuevos y los europeos quedan lejos. Los encargos tampoco van mucho más allá de los de la imaginería, lo religioso sigue siendo lo más demandado y participa enteramente de la vida cultural.

Durante la última mitad del XIX Murcia conoce a otros seguidores de Salzillo, a pesar de que los años pasan y Europa presencia el nacimiento de otros escultores, pocos quizá pero tan significativos como Rodin. Pero la vida cultural y plástica de nuestra Región en materia escultórica queda en lo devocional. Francisco Sánchez Tapia, Sánchez Araciel, Dorado Brisa, Ramiro Trigueros, Julio Delgado o Rafael Asensi son los nombres de esta generación del 98 que mezcla lo salzillesco con algo de costumbrismo.

La realidad en Murcia es terca, los imagineros triunfan pero la original obra de Dorado Brisa, en Murcia desde 1896, recibe elogios tan profundos ante obras como su busto de Ruiz Seiquer como este: “de gran parecido físico y bella ejecución”. Del costumbrismo de Ramiro Trigueros la prensa no es más locuaz, ante su obra Niña vendedora de aves y huevos escriben que es de estilo realista y composición armoniosa.

Tan larga y profunda era la sombra de Salzillo que es precisamente en los años finales del XIX  cuando la ciudad de Murcia sigue debatiendo sobre el monumento dedicado al escultor barroco. Bocetos, propuestas, encargos, donativos… Por fin en 1899 se inaugura un proyecto que finalmente recayó, tras diversas idas y venidas a arquitectos y escultores, en Sánchez Araciel. La comisión del Ayuntamiento, dos bandas de música y numeroso público asistieron a un acto que resultó muy lucido, rezó la prensa local.

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