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Las Sierras de la Región de Murcia

Frutos del Madroño

Frutos del Madroño
Vicente Hernández Gil

 
Bellotas de encina, alimento del bosque mediterráneo que fructifica cuando más falta hace, en invierno

Bellotas de encina, alimento del bosque mediterráneo que fructifica cuando más falta hace, en invierno
Vicente Hernández Gil

 
Periploca, una joya botánica de nuestras sierras

Periploca, una joya botánica de nuestras sierras
Vicente Hernández Gil

 
Sabina albar. Su madera es muy apreciada para el interior de armarios y para vigas [sierras]
Sabina albar. Su madera es muy apreciada para el interior de armarios y para vigas
Vicente Hernández Gil

     Si las especiales características de su medio físico hacen de las sierras murcianas islas climáticas, insertadas en un entorno semiárido como es el de la Región de Murcia, la fauna y la flora que componen su medio biótico, no lo son menos.

     Quizás lo que más llama la atención de nuestras sierras sea el gran número de especies endémicas, de iberoafricanismos, y de otras con distribuciones restringidas, como son las correspondientes a las cadenas béticas. Pero quizás debamos cambiar antes la imagen de “bosque biodiverso” que aún predomina en nuestras mentes.

     En Murcia se encuentran algunas de las áreas con mayor biodiversidad a escala europea, aunque muchos de nosotros no las identifiquemos a primera vista con estos lugares: Son las sierras litorales, con “bosques bajitos” de matorrales que apenas se elevan unos metros de altura, las que se llevan la palma, y que en puntos como Calblanque, La Muela, Cabo Tiñoso, El Algarrobo, Lomo de Bas o Cabo Cope albergan tal numero de especies vegetales que son considerados “puntos calientes (hot-spots)” en cuanto a su diversidad de especies vegetales.

     Pero estos “bosques bajitos” y la vegetación herbácea presente, constituyen numerosos hábitats prioritarios para la conservación y les han conferido a los lugares en que se presentan distintas figuras de protección a escala europea, siendo las comunidades vegetales más características los palmitares (Chamaerops humilis), artales de Ziziphus y de Maytenus, y cornicales (Periploca), los bosquetes de Tetraclinis, o los sabinares más meridionales de Juniperus phoenicea, además de enclaves con carrascales termófilos.

     Como especies a destacar por su rareza, diferentes especies de tomillos Thymus sp., Withania, Calicotome, o las de distribución aún más restringida Teucrium cartaginensis, Limonium cartaginensis, o la Jara cartagenera (Cistus heterophyllus), en serio peligro de extinción, y recuperada gracias al buen hacer de miembros de la Asociación de Naturalistas del Sureste (ANSE) que localizaron los últimos ejemplares, y lograron multiplicarla en sus viveros en Cartagena y reintroducirla con éxito. Destacar también otras especies como la Caralluma, o Chumberillo de Lobo, una especie con aspecto de cactus, limitada a las provincias de Murcia y Almería.

     Los otros bosques, los de frondosas y coníferas, particularmente pinos, proceden en buena parte de repoblaciones, y apenas cubren un 15% de la superficie regional, distribuidos principalmente por las áreas montañosas. La casi totalidad de los bosques son pinares, principalmente de Pino carrasco (Pinus halepensis), muy resistente a sequías y a suelos pobres y rocosos, no llegando el resto de formaciones arbóreas (carrascales, robles, sabinas, olmedas…) ni al 5%. Otros pinos, como el Pino negro (Pinus nigra) se encuentra bien representado en los bosques de las sierras del noroeste, donde a veces se mezcla con el Pino rodeno (P. pinaster).

     Los bosques de Sabina albar (Juniperus thurifera), especie relicta, de enorme interés por su madera, y porque se trata del sabinar más meridional de toda Europa, debieron ocupar una mayor extensión en épocas pasadas, encontrándose relegados en la actualidad a ciertas zonas del noroeste (Revolcadores, Cantalar, El Sabinar…).

     Igualmente, uno de los más típicos representantes del bosque mediterráneo, el carrascal de Quercus ilex, se ha visto reducido a la mínima expresión, debido a su aprovechamiento abusivo durante siglos, quedando manchas dispersas, y mezcladas con otras especies, que a veces, se enriquecen con robles, quejigos, arces, etc. No obstante, todavía se encuentran carrascales de relevancia en sierras como las de Burete, Cambrón, Espuña, Cabezo de la Jara, El Gigante, La Pila, Revolcadores, Mojantes…

     Y si las especies arbóreas son importantes en sí mismas, este valor aumenta por sustentar a las que conforman sus sotobosques. Los matorrales que encontramos bajo los bosques de coníferas y frondosas son enormemente ricos y diversos, albergando especies como la coscoja, el enebro, el lentisco, distintos espinos, el acebuche, aladiernos, madroños, esparragueras, zarzaparrilla… y un largo etcétera, que dan cobijo y alimento a una enorme cantidad de fauna, además de contribuir a la formación del suelo, capa fértil que sustenta la vida en los ecosistemas terrestres.

     No hay que olvidar que los matorrales ocupan buena parte de nuestras sierras, no solo en sus cimas, donde adquiere una particular disposición en almohadilla; sino que su presencia aumenta la diversidad de ambientes y da oportunidades a otras muchas especies. Destacan los tomillares, romerales, espartales, coscojares, jarales, albardinales, espartales… que cumplen además una función importantísima en Murcia, dar cobertura vegetal al suelo frente a la erosión, además de estar conformados por numerosas especies de gran interés, no sólo botánico sino también etnológico y cultural, así como la propia formación vegetal en su conjunto.

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