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Visitando: Humedal de Ajauque y Rambla Salada

Tarro blanco (Tadorna tadorna) en Rambla Salada
Tarro blanco (Tadorna tadorna) en Rambla Salada
Murcia enclave ambiental
Ubicación y características

El Paisaje Protegido del Humedal del Ajauque y Rambla Salada tiene una extensión de 1.632 hectáreas que pertenecen a los municipios de Fortuna, Abanilla, Santomera y Molina de Segura. Este humedal nace en los Baños de Fortuna, donde se le conoce como rambla de las Contiendas. Cuatro kilómetros aguas abajo confluye con la rambla que drena los llanos del Contiendo y la pequeña cuenca del Sanel, y unos 800 metros más abajo con la rambla del Baño, que procede del humedal de Derramadores y de la cañada de Miraflores.

Este complejo humedal asociado a ramblas constituye el sistema de cabecera de Ajauque. Aguas abajo del trasvase, la rambla de Ajauque contacta con la zona de descarga del humedal de Ajauque y, finalmente, confluye con Rambla Salada en el estrecho que da paso a las colas del embalse de Santomera.

De los 75 lugares de interés geológico que figuran en el libro ¿Patrimonio Geológico de la Región de Murcia¿, tres de ellos se encuentran en el marco de este Paisaje Protegido. Destaca Cabecicos Negros, en Fortuna, cuyo interés de conservación se remonta al año 1917, cuando aparece en el Catálogo de la Ley de Parques Nacionales, y contiene el yacimiento más significativo de los cuatro existentes en la Región. Se trata de una roca volcánica que pertenece al grupo de las ultrapotásicas y se emplea en la construcción de carreteras.

Otro de los lugares de interés geológico son los baños termales de Fortuna, que aunque el agua se considera mineromedicinal, parte del regadío tradicional de Fortuna depende del caudal de ese nacimiento, y el cauce de Rambla Salada, el mejor registro fósil del Messiniense de toda la cordillera Bética. Esta época geológica está marcada por la crisis del Mediterráneo, hace 18¿5 millones de años, cuando el Mare Nostrum se secó casi por completo dejando depósitos de sal y de yeso en la cuenca de Fortuna y Abanilla, entonces zonas litorales. Así lo prueba la existencia de algunos arrecifes coralinos fósiles, barrancos fluviales con restos fósiles de la vegetación original y numerosos fósiles marinos.

Bajo unas condiciones de sequía extrema, gran irregularidad interanual en las precipitaciones y ocasionales lluvias torrenciales, el humedal del Ajauque y Rambla Salada se asienta sobre materiales sedimentarios blandos que favorecen la presencia de fenómenos de erosión muy peculiares en algunos casos, con paisajes geomorfológicos de gran valor natural como los ¿pipings¿, paisajes acarcavados en margas con galerías y característicos desplomes. Las temperaturas llegan a alcanzar los 45º C en verano y rara vez bajan de los 0º C en invierno.

Este Paisaje Protegido es considerado un tipo de humedal asociado a ramblas que presentan una compleja red de drenaje con tramos de aguas permanentes y temporales y una gran variabilidad en la salinidad del agua. La elevada presencia de sales en las aguas es debida a la naturaleza del sustrato, a las condiciones de aridez del clima y a la acción humana por la expansión de regadíos y el empleo de aguas de riego con cierta salinidad. La concentración de sal oscila entre los 0¿5 g/l y los 40 g/l que se alcanzan en Rambla Salada, siendo esta última muy superior a la del mar.

Un lugar muy preciado por las aves

Más de 130 especies de aves frecuentan los distintos ambientes del Espacio Protegido. Cerca de 50 son acuáticas y constituyen la fauna más representativa de estas zonas húmedas. Unas son sedentarias y permanecen todo el año en la zona; otras aparecen durante el invierno o el verano (invernantes o estivales), o utilizan este espacio natural para descansar en sus pasos migratorios. Algunas incluso nidifican en el área.

Muchas de las aves acuáticas tienen especial importancia a escala internacional, nacional y regional al ser muy escasas, raras o estar en peligro de extinción, por lo que son objeto de especial protección.

El embalse de Santomera y zonas encharcadas de Rambla Salada y Ajauque acogen poblaciones de aves acuáticas que, como el ánade real y la garza real, permanecen todo el año. Otros son nidificantes habituales como el chorlitejo patinegro y la cigueñuela. Otras especies aparecen en los meses de otoño e invierno procedentes de zonas más frías, como el zapullín cuellinegro y el pato cuchara. También durante el invierno es habitual observar la tarabilla común, buitrón, petirrojo, etc.

En el carrizal nidifican pequeñas aves como los carriceros común y tordal, mientras que en el invierno son utilizados por el escribano palustre, mosquitero común y pechiazul.

El humedal del Ajauque es utilizado como dormidero por la garcilla bueyera, con concentraciones invernales que pueden superar las 1.000 aves. También es utilizado en invierno por cientos de estorninos y grajillas.

En los saladares nidifican aves esteparias como la cogujada común, alcaraván, curruca tomillera y el aguilucho cenizo y los pinares albergan aves como el carbonero común, mito y rapaces como el águila culebrera. Finalmente, en los taludes que se forman en las ramblas nidifican especies con hábitos trogloditas como la carraca y el abejaruco.

En este tipo de hábitats es común la presencia de anfibios como la rana común y el sapo corredor, reptiles como la lagartija colirroja y peces como la gambusia y la carpa. Además, hasta no hace mucho tiempo el fartet habitaba esta zona. Entre los mamíferos que más abundan encontramos la liebre, la musaraña y la comadreja.

La fuerza de la adaptación

La variación de los factores ambientales, sobre todo la concentración de sales y la dinámica de las aguas superficiales y subterráneas, genera diversas posibilidades para el desarrollo de la vegetación. Cada especie, según su afinidad o adaptación a las condiciones del medio, tiene preferencia por ocupar unas zonas u otras. Algunas de ellas son excelentes indicadoras de las peculiaridades ambientales del territorio.

Las especies con necesidades similares forman comunidades vegetales características, dando lugar a diferentes manchas de vegetación. Este mosaico vegetal es el soporte vital para una fauna rica y variada, aunque muchas veces difícil de observar.

El paisaje se caracteriza por la presencia de agua salina que fluye por un cauce con tramos de aguas permanentes y temporales. En los tramos de aguas permanentes, las condiciones de salinidad limitan en gran medida la presencia de vegetación acuática sumergida, representada por diversas algas y la planta superior Ruppia maritima.

Enraizadas en el agua, pero emergiendo (plantas helófitas) destacan por su abundancia y densidad de los carrizales; su distribución se asocia a zonas de descarga de aguas dulces subterráneas. Conforme las fluctuaciones de las aguas son mayores, las comunidades vegetales se entremezclan, siendo frecuente que junto a los carrizales aparezcan juncos.

En zonas encharcables y salinas aparecen diferentes especies de saladar, como el almarjo y sosa alacranera, que junto a los tarajes constituyen la vegetación más característica de los humedales asociados a ramblas. En las zonas más altas y alejadas de la lámina de agua se destaca la presencia de otras especies halófilas, propias de suelos salinos, como Anabasis hispanica y siemprevivas. En taludes y cultivos abandonados aparecen otras especies como Albardín, Atriplex sp., Sosa, Bolaga, etc.

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