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Los dátiles: Entre el Cielo y la Tierra

Capuchones para aprovechar la palma

Capuchones para aprovechar la palma
Julio Pedauyé Ruiz

Dátiles

Dátiles
K-LOR

Palmeras en la Huerta [Dátiles]
Palmeras en la Huerta
Julio Pedauyé Ruiz

Historia y leyendas

Existe una cierta tendencia a la simplificación sobre el origen de los alimentos en la Península Ibérica, asignando en multitud de artículos, trabajos y libros su introducción a los árabes, quizás porque fueron el último pueblo que invadió la península y dejaron un amplio testimonio escrito. Sin embargo, y sin ánimo de restar importancia a esta influencia, baste como ejemplos de lo que decimos que, las granadas las trajeron los cartagineses -a pesar del nombre que ostenta la histórica ciudad nazarí-, los limones los romanos y, los alcaciles, ya eran cultivados por los visigodos.

En este orden de cosas, se repite una y otra vez que 'la palmeras las trajeron los árabes', pero, como se dice ahora, 'va a ser que no'. De hecho, en tiempos anteriores al hombre sobre la tierra, las palmeras vegetaban profusamente por el continente europeo, poseedor por aquel entonces de un clima semejante al que existe en la actualidad en el Norte de África. Y, refiriéndonos a la palmera datilera, su existencia en tiempo de los romanos quedó consignada por Plinio el Viejo quien recoge en su Secundi naturalis historiæ que había palmeras en Italia, pero eran estériles, mientras que en la parte marítima de España daban fruto; por lo que lo más probable es que su introducción se debiese a algún pueblo venido del oriente como los fenicios.

Desde los más remotos tiempos el hombre ha consumido los dátiles. Así se sabe que la alimentación de los egipcios incluía muchas frutas cultivadas y otras silvestres como los higos, los jínjoles, los dátiles o las nueces de la palmera dum y que, además de vino de vid, bebían vino de dátiles, de higos y de granada. Igualmente, el cultivo de dátiles, higos, manzanas, membrillos, almendras o granadas se menciona en los textos asirios y babilónicos, en la Biblia y, más tardíamente, en los textos de los autores clásicos.

El dátil es uno de los frutos más consumidos por todas las capas de la población en todo Oriente próximo mediterráneo antiguo. La abundancia de fuentes iconográficas y literarias refleja, además de su valor simbólico, su importancia como fruto. Atenas importaba dátiles de Fenicia en el siglo V a. de C. y Roma, por su parte, cuando se anexiona Egipto y Arabia los incorpora en sus preparaciones más costosas.

Arriano cuando describe la alimentación de los pobladores de la lejana India, refiriéndose a la casta de los brahmanes apunta que no consumen más que frutas y cortezas, 'tan perfumadas y nutritivas como los dátiles'.

Sin embargo, si hay un pueblo que destaca por su consumo de dátiles, este es sin lugar a dudas el pueblo árabe, cuyos pastores nómadas de la época preislámica, debido a lo inhóspito del medio en el que habitaban, ya se alimentaban básicamente de los productos lácteos de sus camellos y cabras, algo de carne y dátiles.

Manuel Martínez Llopis en su excepcional obra 'Historia de la gastronomía española' (Ed. La Val de Onsera, 1995), sostiene que los alimentos que se consumían en la España visigótica eran los mismos que en la época romana, constituyendo los cereales la base de su alimentación y afirma que entre las frutas ya se conocían los dátiles.

En todo caso, resulta indudable que los sarracenos cultivaron la palmera datilera africana durante su ocupación de la península ibérica como nadie antes lo había hecho, introduciendo técnicas de riego en los palmerales que todavía hoy se conservan. Así mismo, según referencias de los geógrafos Yacht y el Cazwiní, el palmeral que existe en Elche era ya famoso en la época califal y esperemos que siga siéndolo durante mucho tiempo con permiso del 'picudo rojo' (un coleóptero que traído con una partida de palmeras importadas de Egipto en el verano de 2005 amenaza con diezmar ese histórico palmeral declarado Patrimonio Universal por la UNESCO).

De las palmeras, además de los dátiles, en nuestra zona se han utilizado tradicionalmente las palmas blancas para las procesiones del Domingo de Ramos. Estas palmas se obtienen mediante el encaperuzado de las ramas de las palmeras durante meses.

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