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Estrecho de la Encarnación

Vista de las margas grises y margocalizas (niveles amarillentos más resistentes a la erosión) sedimentadas en un mar profundo durante el Cretácico inferior.

Vista de las margas grises y margocalizas (niveles amarillentos más resistentes a la erosión) sedimentadas en un mar profundo durante el Cretácico inferior.
A. del Ramo

 
Calcarenitas con estratificaciones cruzadas formadas por dunas marinas del Mioceno superior

Calcarenitas con estratificaciones cruzadas formadas por dunas marinas del Mioceno superior
A. del Ramo

 
Cantera romana de donde se extraían los sillares y columnas para los templos romanos
Cantera romana de donde se extraían los sillares y columnas para los templos romanos
A. del Ramo

    El itinerario recomendado comienza en el camino que asciende hasta la ermita de la Encarnación, transcurre por calcarenitas (areniscas calcáreas) sedimentadas en una zona litoral hace unos 10-7 Ma. En ellas aparecen restos de diversos organismos marinos, como algas rojas, briozoos, braquiópodos (Terebratula sp.), conchas de almejas (Pecten sp., Aequipecten sp., Clhamys sp., Crassotrea sp., etc.), balanidos y restos de erizos (Cidaris sp, Clypeaster sp, y Conoclypeus sp.). Estos materiales fueron utilizados para la obtención de sillares como lo demuestran las canteras romanas existentes en la zona, un patrimonio minero que se recomienda visitar.

    Una vez en la ermita podemos seguir el camino o atajar por una senda situada al noreste de ésta, que tras cruzar el barranco de la Virgen, nos sitúa a la entrada del poblado de la Placica. Si seguimos por el camino atravesaremos las calizas jurásicas, que aunque poseen restos de ammonites y belemnites, no se pueden observar con facilidad dado que están muy karstificadas originando un lapiaz.

    Visto el poblado seguiremos el camino principal que transcurre entre las calcarenitas y margas terciarias hasta la superficie de contacto entre éstas y las calizas jurásicas. En esta superficie podremos observar como las calizas fueron perforadas por dátiles de mar (Litophaga sp.) hace unos 10 Ma., cuando la zona formaba parte de una bahía y sobre ellas los restos de diversos moluscos marinos. Con un poco de suerte veremos algún belemnites o ammonites en las calizas jurásicas.

    Siguiendo el camino, cruzaremos por unas margocalizas cretácicas donde se pueden observar pliegues, nódulos de hematites y restos de diversos tipos de ammonites piritizados (Lytoceras sp., Phylloceras sp., Neolisoceras sp., Olcostephanus sp., etc.).

    Posteriormente, el camino prosigue por la ribera del río, quizás el sitio más bello, con diversas estructuras como estratificaciones cruzadas y bioturbaciones, fracturas y oquedades originadas por la erosión aprovechando las fracturas existentes y depósitos detríticos en terrazas originados por el río cuando su cauce estaba más elevado.

    Justo antes de cruzar el río para volver al punto de inicio, si ascendemos por los bancales existentes a la derecha del mismo, por las terrazas fluviales, podremos observar algunas curiosas formas originadas por la precipitación de carbonatos sobre vegetales (travertinos), antiguas cascadas de agua hoy petrificadas.

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