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Roquedos

Vertiente norte del Morrón de Totana en Sierra Espuña

Roquedos calizos con grandes hiedras, carrascas y diversos endemismos, como Athamanta hispanicay Saxifraga camposii subsp. leptophylla. Al pie se presenta un denso matorral pulvinular de cucharillas
José Antonio López Espinosa

 
Monte San Julián

Roquedo calizo extraplomado con Lafuentea rotundifolia
José Antonio López Espinosa

 
Cabezo Gordo

Sedum dasyphyllum, pequeña planta de hojas crasas que cuelga de las fisuras de los roquedos más térmicos
José Antonio López Espinosa

 
Sierra de Villafuerte
Pinillo de oro (Hypericum ericoides), arbustillo de litosuelos y rocas
José Antonio López Espinosa
 
Cabezo Gordo
Acebuche (Olea europaea var. sylvestris) acantonado en roquedos
José Antonio López Espinosa

     Son ambientes extremos que se caracterizan por una vegetación muy especializada y adaptada. Se trata de espacios muy localizados y de zonas concretas, claramente reconocibles sobre el terreno. Se han formado a partir de diversos procesos geomorfológicos que dejan al descubierto la roca madre. Por los pequeños resquicios entre las grietas penetran las raíces de las plantas adaptadas a estos ambientes, que sirven de firme anclaje y son capaces de aprovechar los nutrientes y minerales disueltos en las aguas que temporalmente circulan por la pared.

Hábitat complicado

     Los roquedos carecen prácticamente de suelo, el sustrato es rocoso y coincide con el material geológico desnudo. La verticalidad o fuerte pendiente es una característica predominante de este hábitat. La escasez de agua es evidente, y viene derivada de la rápida escorrentía y la casi nula capacidad de absorción del sustrato. Además, los roquedos de las solanas reciben una fuerte insolación, mientras que los de umbría apenas cuentan con unas pocas o ninguna hora de sol diaria. Las zonas a sol y sombra, en función de la hora del día, soportan una notable amplitud térmica y esta variación de temperaturas, en un rango tan abierto, hace aun más inhóspito, si cabe, este ambiente.

     No olvidemos tampoco, que la base de los roquedos es un lugar resguardado de los vientos, con mayores aportes de agua y relativamente umbroso, es decir, es un ambiente privilegiado, lo que favorece la presencia de plantas algo más raras en las zonas adyacentes, que buscan aquí refugio. Y asimismo, hay que destacar que los grupos de rocas, por lo explicado, concentran una densa vegetación en su base o alrededor.

     Al pie de los roquedos más altos se presentan extensos acúmulos de grandes rocas y guijarros de aristas agudas. En estas gleras y rocas sueltas se presentan especies muy adaptadas, algunas de ellas son una rosa silvestre (Rosa pimpinellifolia) y el raro sello de Salomón (Polygonatum odoratum), entre otras no tan especializadas. Por ejemplo, en Sierra Espuña, crece en este tipo de ambiente la iniesta (Cytisus reverchonii), propia de orlas de bosques, ribazos y cultivos abandonados en la comarca del Noroeste.

Tipología de roquedos

     Vistos a escala diferente los roquedos pueden identificarse desde paredes y paredones extraplomados a grandes rocas que aparecen entre matorrales. Son claros ejemplos de los primeros las paredes de Peñas Blancas (Cartagena) y del Valle de Leiva en Sierra Espuña (Alhama de Murcia), resultado de complejos procesos orográficos, que en este caso particular corresponden a espejos de falla. Y como ejemplo de los roquedos más simples: las rocas que se encuentran en los crestones de la línea de aguas vertientes, en lo alto de numerosas montañas y cerros de mediana altura, tan comunes en nuestra Región.

     También presentan ecología similar a los roquedos las losas y grandes bloques de piedra, afloramientos de roca sin el componente de verticalidad tan acentuado –paso previo a la formación de litosuelos–, habituales, por ejemplo, en la zona baja de Sierra Espuña, donde es frecuente una pequeña mata, el pinillo de oro (Hypericum ericoides).

     Independientemente de la altura y dimensiones de estos roquedos, encontraremos similitudes en el conjunto de las especies que los componen, según la naturaleza de la roca y el área geográfica donde se presentan.

Zonas cálidas

     Un dúo habitual en los roquedos de las zonas cálidas lo forman los zapaticos de la Virgen (Sarcocapnos enneaphylla subsp. saetabensis) y Lafuentea rotundifolia, ambas con frecuencia crecen solas o como especie predominante. Suelen venir acompañadas por diversos Teucrium de roca (T. aff. buxifolium, T. freynii, etc.) e incluso cardo amarillo de roca (Centaurea saxicola), especie endémica de Murcia y Almería, que prefiere oquedades rocosas en la base o primeros metros desde el suelo de los roquedos cuando se presenta en éstos.

La zona del interior

     Por el interior, en la comarca del Noroeste, los roquedos más característicos son los que cuentan otra especie de zapaticos de la Virgen (Sarcocapnos baetica), ésta de flores sin espolón, y Globularia spinosa, junto a Potentilla repens, y diversas especies rupícolas de los géneros Linaria (Linaria anticaria, L. cavanillesii, etc.) y Saxifraga (Saxifraga camposii subsp. leptophylla).

Helechos

     Los roquedos son el ambiente de la mayoría de los helechos de Murcia, cuyas frondes surgen entre las pequeñas fisuras, aunque algunos crecen incluso en terrenos pedregosos y muy térmicos, como la doradilla vellosa (Cosentinia vellea). Pero básicamente muchos de ellos aprovechan que entre las fisuras de las grietas sus rizomas están más protegidos a la desecación. De entre los más destacables y fáciles de observar nos encontramos con la doradilla (Ceterach officinarum), el Polipodium cambricum subsp. cambricum, etc.

     Y finalmente no podemos dejar de citar a una especie muy característica de las zonas rocosas de la Murcia más cálida y seca, que florece al final del verano, en la época más desfavorable para cualquier planta, mucho más bajo estas condiciones. Aunque puede encontrarse también en pastizales y entre matorrales, los pequeños espacios entre las rocas son el sustrato elegido con predilección por la flor de la estrella (Lapiedra martinezii).

Condenadas a vivir en los roquedos

     Y para terminar un apunte interesante, las plantas que crecen en los roquedos, por lo general, no pueden competir con otras especies fuera de este hábitat, por este motivo están condenadas a vivir en este ambiente, aunque pudiesen medrar mejor sobre suelos bien desarrollados. Además, no debemos olvidar que el aislamiento de los roquedos y el alto grado de especialización de estas plantas implica que estos lugares sean un importante centro de especiación, es decir, de generación de nuevas especies.

     Un ejemplo claro es el de Athamanta hispanica, un raro endemismo murciano-almeriense, cuyos parientes más cercanos se encuentran en Europa oriental y que sólo se conoce de las sierras de Gigante y Espuña en la Región Murcia. En Sierra Espuña se ha comprobado que el Arruí (Ammotragus lervia), especie cinegética de caza mayor introducida, la condena a las zonas inaccesibles de los roquedos, habiéndose observado que, al menos, puede crecer también al pie de éstos y presentar mayor desarrollo, cuando se encuentra a salvo del ramoneo. Otro ejemplo similar, es el de una especie cuyo porte es arbóreo en condiciones óptimas, la encina o carrasca (Quercus rotundifolia). En Sierra Espuña, pueden observarse numerosas encinas subarbustivas acantonadas en los roquedos del Morrón de Totana, a salvo y refugiada del hombre y sus actividades madereras, que acabaron con los árboles de carrasca de este núcleo montañoso, hace ya más de un siglo.

J. A. López Espinosa

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