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Historia de la iluminación en Yecla

 Panorámica de Yecla [Yecla_Historia]
Panorámica de Yecla
 
Otra Perspectiva [Casa de Alarcos de Yecla]
Otra Perspectiva

En enero de 1856 se inauguró el alumbrado público por aceite, sus principales protagonistas fueron: como constructor de faroles, Bernardino Lozano; el hierro para los mismos fue aportado por Fernando Clemente y costó 870 reales; Francisco Amat  instaló una gran columna para la farola de la plaza pública; el instalador de los faroles, Cristobal Sánchez.

A partir de 1864 se daba en Yecla  una situación laboral  un tanto especial. De los  dos serenos contratados por el ayuntamiento, uno era  Miguel García  que ejercía oficio de tal y como tal cobraba por ello, pero  el otro, Antonio Gil, antiguo arrendador, hacía ahora  las veces de sereno-farolero-subalterno y cobraba 90 reales mensuales por su trabajo y 580 por el combustible.    

Los gastos mensuales fueron ascendiendo ligeramente durante los años siguientes. Suministraban el aceite Pascual Candela, Juan Andrés y Pablo Carpena Rubio.  Para 1872 ya estaban contratados tres serenos que recibían 26,25 pesetas mensuales cada uno. Pero el paso del tiempo fue deteriorando los faroles, por lo que once años después, en 1883 hubo de encargarse  al hojalatero Luis Ripoll un repaso general de los mismos. 

El 24 de octubre de 1887 el Concejo tomaba la determinación de cambiar el alumbrado de petróleo por el de gas, pero nunca llegó a ejecutarse el proyecto.  Prueba de ello es que desde 1890 hasta 1895 el presupuesto anual para alumbrado (por petróleo) era de 5.000 pesetas que subieron a 6.500 para los cinco años restantes del siglo.

Con el  inicio de la siguiente centuria, es decir, en 1901 y 1902, curiosamente bajó el presupuesto municipal para este servicio a 5.200 pesetas anuales. Era entonces el subastero José Soriano Yagüe quien ese mismo año lo traspasaría a Ricardo Maestre Martínez. Otro tanto pasaría en 1903 cuando Manuel Pavía cedía sus derechos de arrendatario a Francisco Martínez, mientras el presupuesto continúa a la baja hasta situarse en las 5.050 pesetas. Mientras, se van produciendo tímidos intentos para cambiar el petróleo por la electricidad, el alhameño Manuel Daza y Gómez, inventor del "Toxpiro", había instalado en 1897 en Yecla un molino harinero de vapor y un año después, concretamente en octubre de 1898, Manuel Crusat Durey montaba, aprovechando el molino de vapor, una central eléctrica que enseguida fue capaz de suministrar fluido en Yecla. Sin embargo, debieron surgir problemas de difícil solución porque para 1900 el ayuntamiento dejó sin efecto sus compromisos con Crusat  y encargó a Juan Alsina Roses la instalación del nuevo alumbrado público. No obstante, pocos debieron ser  los adelantos en el proyecto municipal cuando sólo dos años más tarde se le hacía el mismo encargo a José Cañete, encargo que hubo de resultar igualmente infructuoso cuando al año siguiente, en mayo de 1903, Rogelio Manresa Illán presentaba al Concejo su propuesta de instalación de alumbrado público por electricidad. Se le concedió y en mayo de 1904 solicitaba la necesaria concesión para llevar el fluido desde Yecla a Caudete (algunos años después solicitaba otra concesión en Los Almadenes, dentro del término municipal de Cieza, para producir energía eléctrica).

Yecla  vió su primera  empresa de instalaciones y venta de aparatos eléctricos en 1904, se llamaba Eléctrica Yeclana y estaba ubicada en el camino de la estación con punto de venta en la calle España. Sería esta empresa precisamente quien en 1906 se hiciera cargo del alumbrado público.

En junio de 1908  Eléctrica Yeclana amplió el alumbrado de la Glorieta en 400 bujías, por 60 pesetas más al mes. Es el momento en el que los empresarios del sector comienzan a proliferar, haciéndose feroz competencia, cruzando tendidos y complicando el mercado hasta convertir el panorama de las contratas y concesiones en un complicado revoltijo de difícil comprensión Yecla contesta diciendo que sólo hay dos empresas en ese momento: José Blanch, que se alimenta con piñuelo, y Electra Chinchilla, con sede en Hellín, que produce la energía mediante salto de agua.  El gerente de esta empresa era Luis Herrero Carpena quien, por cierto, pocos meses después traspasó el crédito que tenía por el alumbrado a Industria Eléctrica. Y en 1919 ya había en la ciudad  instaladores profesionales de luz eléctrica como Emilio Muñoz Palao. En 1920  Eléctrica Yeclana se constituyó en cooperativa con Heliodoro Redondo como  primer presidente. En 1935 entró en liza un nuevo empresario, José Llaudet Soler, que nada menos que desde Almansa solicitaba autorización para transportar energía eléctrica mediante un tendido de 13 km de longitud. 

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