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IGLESIA DE NTRO. PADRE JESÚS NAZARENO DE MURCIA (MUSEO SALZILLO)

Historia

Detalle del Interior[Iglesia de Ntro. Padre Jesús Nazareno De Murcia (Museo Salzillo)]
Detalle del Interior

Para la presente reseña se ha consultado el Proyecto de Restauración de la Iglesia de Jesús, 1985 (Servicio de Patrimonio Histórico de la Comunidad Autónoma de Murcia), realizado por el arquitecto Idelfonso Muñoz Cosme. Se trata de una interesante memoria histórica muy documentada sobre el Museo Salzillo que se puede completar con lo escrito por Mª Teresa Marín Torres o Torres Fontes.

Antecedentes

El lugar donde hoy se encuentra ubicada la Iglesia de Jesús correspondió con anterioridad a la ermita de San Sebastián, levantada según Díaz Cassou entre 1463 y 1478, para conmemorar el final de una epidemia.

La ermita fue concedida a la orden de los agustinos conjuntamente con la de la Arrixaca, lo que motivó el que se trasladaran intramuros desde la casa frente a San Antón, en el año 1579, y que en el año 1646, el 7 de marzo, fue formalmente otorgada por los señores Murcia a la orden mencionada, cuidando los frailes desde entonces de las lámparas de la ermita.

Mientras tanto, en 1600, se había fundado la Hermandad religiosa de devotos de Nuestro Padre Jesús Nazareno, cuyas constituciones fueron aprobadas por Auto de 3 de septiembre del mismo año. La cofradía edificó una primitiva capilla, que Martínez Tornel data de 1603, que se denominó de las Once Mil Vírgenes. Este es el año en que según Fuentes y Ponte se sacó por primera vez la procesión el Viernes Santo.

Va a ser en 1675 cuando se plantean por primera vez los conflictos entre los agustinos y la Cofradía, que se extenderán durante todo un siglo y que van a dar lugar a la desaparición de la ermita de San Sebastián y a la construcción en su emplazamiento de la Iglesia de Jesús.

Construcción de la iglesia

A partir del año 1676 se realizará la obra de construcción de la Iglesia de Jesús, obra que se extenderá durante veinte años hasta su bendición en 1696. Según Torres Fontes, ya en 1679 se encontraban terminados la totalidad de sus muros y recinto, a falta tan sólo de la portada.

En 1686 fue subastada la obra de la portada, que fue proyectada, dibujada y establecidas las condiciones para la subasta por Pedro de Escalante y Blas López, maestros de arquitectura, siendo adjudicada el 7 de julio a Francisco de Hontiyuelos.

Con la obra de la portada quedó la iglesia terminada, y fue bendecida por el párroco de San Antolín el 26 de agosto de 1696. Un mes después, se colocó la imagen de Nuestro Padre Jesús en la nueva iglesia 'con toda pompa y en medio del popular regocijo. Hubo, a más de la fiesta religiosa, a que asistió el Concejo, luminarias generales, colgaduras, danzas, tarascas y gigantes, fuegos de artificio, etcétera'.

Durante la segunda mitad del siglo XVIII, se acometerán diversas obras de reforma en el ámbito de la iglesia, a partir de la resolución del pleito que la Cofradía mantenía desde el siglo anterior con el adyacente convento de frailes agustinos. Este pleito fue ganado por la Cofradía y a consecuencia de la sentencia, fue tapiada la comunicación que San Agustín venía teniendo con la Iglesia de Jesús, en 1765.

Con la nueva situación, se procedió a realizar ciertos cambios tanto en la procesión como en la iglesia. El impulsor de esta empresa fue el mayordomo don Joaquín Riquelme y Togores, que encargó al escultor Francisco Salzillo la renovación de los pasos procesionales, a la vez que proyectó la reforma y decoración interior de la iglesia, reforma que Martínez Tornel fecha en 1777. La obra ejecutada en esta época, estuvo dirigida hacia la adecuación y reforma de algunas de las capillas y elementos complementarios como altares, púlpitos, etc.

En 1792 es encargada al pintor perspectivista italiano afincado en Murcia, Pablo Sístori, la decoración de los paramentos interiores de la iglesia. El encargo fue realizado por el mayordomo Fray Francisco Avellaneda y Salad, Señor de Benavente y último Bailío de Lora de la Orden Soberana de Malta y costeado por él mismo.

Obras en el siglo XIX

Varias obras de restauración y reparación se llevarán a cabo en el siglo diecinueve, si bien no afectarán a la estructura básica de la iglesia, sino que irán encaminadas hacia aspectos de decoración, reparación de las pinturas y de algunos desperfectos que el paso del tiempo había producido.

Así comenta Torres Fontes: 'Un grupo de notables personalidades murcianas, como los Sandoval y Mena, Elgueta Ruiz de Assin, marqueses de Corvera y de Aledo, conde de Roche, etc. se aprestaron a rehacer lo que el paso del tiempo y el abandono habían destruido y con la ayuda técnica del erudito don Javier Fuentes y Ponte y la cooperación del escultor Francisco Sánchez Tapia y de sus hijos, el también imaginero Sánchez Araciel y su hermana Cecilia, restauraron los desperfectos sufridos por las esculturas de Salzillo; construyeron nuevos tronos; edificaron un nuevo altar mayor; ampliaron las capillas; adquirieron nuevos terrenos y labraron bajo la iglesia una cripta para sepultar a los cofrades fallecidos'.

En 1866, se restauran las pinturas de Pablo Sístori por el pintor don Carlos Marín, y unos años después, sobre 1894, se emprende una restauración en la que 'se taparon las grietas y hendiduras que de antigua afeaban la graciosa rotonda de la plaza de San Agustín'. En esta intervención se repararon las pinturas con una restauración hecha por el joven pintor D. Mariano Ramón, y consistente en la pintura al fresco, siguiendo las mismas líneas arquitectónicas trazadas por el célebre autor de la perspectiva D. Pablo Sístori, sobre las dichas hendiduras que tenían en completo desperfecto esta obra artística tan notable, sobre todo por lo que se refiere a parte de la ornamentación que lucía encima de los balcones de las tribunas.

Capilla de Nuestro Padre Jesús[Iglesia de Ntro. Padre Jesús Nazareno De Murcia (Museo Salzillo)]
Capilla de Nuestro Padre Jesús

La creación del museo (1914-1949)

A partir de 1914 se inicia el proceso de creación del Museo Salzillo, que quedará definitivamente instituido en 1949, proyecto de capital importancia, y que además determinará las posteriores intervenciones de consolidación, modificación y ampliación del inmueble.

Se encarga al arquitecto J. A. Rodríguez un plano de la posible instalación del museo. El croquis que éste remite en julio de 1919 se limita a señalar el posible solar para el museo, aunque tiene una gran importancia ya que incluye una planta de la iglesia, siendo así el único documento existente sobre el estado original del templo antes de las profundas reformas realizadas en los años cincuenta. En él puede apreciarse como originalmente únicamente existían capillas en los ejes principales y las diagonales, distinguiéndose aquellas que fueron con posterioridad añadidas.

Asimismo pueden observarse ciertas modificaciones en planta y deslindar perfectamente la obra antigua de la ampliación.

A partir de ese momento se comenzaron a realizar gestiones con la propietaria del solar indicado, las cuales no dieron resultado. Nuevamente se trató en 1925, tras la muerte de la propietaria, de adquirir el solar, mas de nuevo de manera infructuosa, con lo que el proyecto quedó por el momento paralizado.

Será en 1941 cuando definitivamente se cree el Museo Salzillo, a través de un Decreto del Ministerio de Educación Nacional de 1949. En este mismo año fue dotado de Reglamento de Régimen Interior, a través de una Orden Ministerial.

La reforma y ampliación del museo (años cincuenta)

Tras la creación del Museo, se procedió a la instalación del mismo a través de la reforma y ampliación de la iglesia de Jesús, obra realizada por el Ministerio de Educación Nacional, según proyecto de José Tamés y Eduardo Jiménez Casalins, con el asesoramiento museográfico de Manuel Jorge Aragoneses.

Los planos están fechados en 1955 y firmados por Jiménez Casalins. La solución adoptada es totalmente diferente de la prevista por J. A. Rodríguez en 1919, tanto en magnitud de la obra como en disposición del museo. En lugar de un amplio edificio unido puntualmente a la iglesia pero estructuralmente independiente, se plantea un anexo, funcionalmente unido al templo y estructuralmente conectado, mientras que el lenguaje y la iconografía de la fachada y de las estancias acentúa esta voluntad de ampliación del edificio más que de realización de un edificio nuevo e independiente.

En la iglesia se reforzó la cimentación de muros y pilastras, se realizaron contrafuertes y vigas de descarga en las embocaduras de las capillas, se rellenó el espacio de las capillas, elevando el nivel del suelo, se reformaron las mismas, creando además dos nuevas (la de San Juan y la Verónica). Se rehizo el muro de fachada derecho, alternando los huecos originales que de ovales pasaron a ser cuadrangulares. Se reparó la cubierta de la rotonda, se cambió el pavimento y los altares de las capillas.

En cuanto a las pinturas murales, se perdieron totalmente las de las capillas, mientras que las de las pilastras y muros del deambulatorio se rehicieron imitando las originales, pero muy distintas de ellas. Las pinturas de la cúpula central, que estaban ejecutadas sobre lienzo, fueron arrancadas y en su lugar se ejecutó un conjunto pictórico que en parte imitaba al antiguo, por el pintor Mariano Ballester.

El tratamiento de fachada intentó una unidad entre el edificio histórico y el de nueva planta, a través de la unidad de material entre ambas fachadas y la construcción de una portada en el nuevo acceso inspirada en la de la iglesia. Los huecos fueron alterados y recibieron rejas historicistas, posiblemente copiadas de la portada del colegio de la Anunciata.

El nuevo edificio se organizaba en cinco crujías, que habían de contener un vestíbulo y cuatro salas de exposiciones, iluminadas todas cenitalmente con lucernarios, similares a los instalados en las capillas. Una escalera conduce a la planta superior, donde se instaló el salón de juntas, el despacho del director y unos servicios. Una tercera planta contenía la vivienda del conserje.

Obras posteriores

Con posterioridad a la gran reforma y ampliación de la iglesia efectuada en los años cincuenta, se han realizado cinco proyectos de obras en el ámbito del Museo Salzillo, de los cuales el primero fechado en 1965 se refiere a la iglesia, mientras que el resto lo hacen a la ampliación del nuevo cuerpo del museo y el montaje de la fachada del Palacio Riquelme.

El primer proyecto data de octubre de 1965 y está firmado por José Tamés y Pedro San Martín.

En 1970, con motivo de la apertura de la calle lateral, se cedió al museo un solar rectangular con amplia fachada, donde se pensó en montar la fachada del desaparecido Palacio Riquelme. El proyecto, realizado en junio de 1970 y firmado por los mismos arquitectos que el anterior, se propone el montaje de la fachada y la realización de un cuerpo de edificación. En un nuevo proyecto, fechado en abril de 1971 y firmado por Pedro San Martín, se prevé la terminación de este cuerpo de edificación.

Dos nuevos proyectos de 1978 y 1980 prosiguen los trabajos de edificación de la ampliación del museo.

La última intervención llevada a cabo ha sido realizada por el arquitecto Yago Bonet Correa. El proyecto consistió en limpiar mediante el derribo de todos los elementos obsoletos de los años sesenta, respetando íntegramente la iglesia barroca y la fachada renacentista, y conservando también el ángulo de fachadas de los años de 1950 y 1960, e introducir en el vacío resultante un nuevo cuerpo que reorganizara y cosiera y a la vez se manifestase como el nuevo museo. El nuevo museo tiene como objetivo, entre otros, la capacidad de generar un claro recorrido museográfico y un espacio apto museístico, en el que la obra del escultor Salzillo encontrase un marco digno a la altura de lo que constituye un museo del siglo XXI.

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