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Historia de la iluminación en Calasparra

Joaquín Payá [Ricardo Montes]
Joaquín Payá
Ricardo Montes

En marzo de 1860 y a petición del gobernador, el ayuntamiento elabora sus presupuestos incluyendo una partida para el alumbrado que se pretende inaugurar a comienzos de 1861. El gasto calculado asciende a 1.466 reales para el personal y 8.777,50 reales para el petróleo.

Este presupuesto se mantuvo hasta el año económico de 1864-65 en el que se consignan 5.269,50 reales para el combustible consumido. Al año siguiente, a pesar del crecimiento del pueblo, que ya tenía 1.111 habitantes, la partida presupuestaria continúa bajando hasta quedarse en 4.400 reales.

Con el cambio de moneda, para 1869-70 y 1870-71 se gastó 146,6 escudos en sereno y 400 escudos más para el alumbrado.

En 1872-73 sabemos que el sereno ya disponía de un ayudante. El primero cobraba 366,50 pesetas mientras que el segundo recibía 228 pesetas, invirtiéndose en petróleo 1.242 pesetas. Durante los dos años siguientes continuó bajando el presupuesto que no se recuperó hasta 1875-76 y 1876-77.

Curiosamente, en 1890 el gasto había descendido hasta 1.500 pesetas; fue entonces cuando el concejal del alumbrado de aquél momento, Sebastián Guillén,  incluyó en  los cometidos de los serenos, que ya hacían rondas de vigilancia, que cantaran las horas. En los años anteriores y posteriores a 1900 el presupuesto anual para iluminación fue de 1.750 pesetas. Empezó entonces a escucharse hablar de un cambio de energía para el alumbrado público.

Sociedad Calasparreña de Electricidad

CalasparraNoche
CalasparraNoche
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Pero el pueblo sigue con el alumbrado por petróleo que surtían los hermanos Ginés y Joaquín Hernández Peñalver cobrando el servicio mensualmente, al  precio de 83 hasta 255 pesetas, según los casos. El encargado de la reparación de faroles era José Pacheco Díaz que cobraba, en noviembre de 1903, 89,71 pesetas. A este mismo herrero se encargó la construcción en 1904 de una farola para la calle de la Fuente y otra para la fuente de la Teja por 107 pesetas. Sin embargo, el alumbrado con petróleo tiende a su fin. De hecho, en  noviembre de  1903,  Roque Piñero, vecino de Calasparra y gerente de la  Sociedad Calasparreña de Electricidad solicitó derecho de servidumbre para transportar desde Moratalla el fluido necesario para el  alumbrado público y usos industriales.

En octubre de 1904 el ayuntamiento da cuenta de que la Sociedad Electro-industrial va a instalarse en el pueblo para proporcionar luz eléctrica a la población. En enero de 1905 es oída la citada sociedad, iniciando en mayo la colocación de los postes necesarios desde la fábrica, ya asentada en el Esparragal, hasta  Calasparra. El salto de luz de la Esperanza, como se denominaba al paraje, intentó también facilitar energía a los "trenes aéreos" para transporte de mineral desde las minas de Gilico hasta la estación de ferrocarril. Estos trenes pertenecían a Miguez Zapata y a  Joaquín Payá, y su tendido era de 16 y 15 km de recorrido.

En septiempre de 1914 se concedió a Luis Alcayde Peris el uso de 20.000 l/s en Cañaverosa, sin embargo, en 1925 era la compañía Eléctrica del Segura la que controlaba la producción de energía eléctrica y solicitaba, en abril de ese año, unir esta central con la del Solvente (Ojós) a una distancia de 33 kilómetros.

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