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Historia de Dolores de Pacheco

Mina en el Cabezo Gordo (T. Pacheco)

Mina en el Cabezo Gordo (T. Pacheco)

Molino de Elisa

Molino de Elisa

Almazara [Dolores de Pacheco]
Almazara
 
Centro de interpretación de la Sima de las Palomas [Dolores de Pacheco]
Centro de interpretación de la Sima de las Palomas
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70 aniversario de la Virgen de los Dolores, patrona de Dolores de Pacheco

     Los primeros datos documentados de la Historia de Dolores de Pacheco la sitúan dentro de la administración del municipio vecino de San Javier y, en concreto, de la villa de Roda.

     Los orígenes de la iglesia de Dolores se sitúan, precisamente, en 1716, cuando el vecino de Roda Francisco Sánchez Mateo cediera unas tierras en la zona para la construcción de una ermita. Recordamos que en otras villas como Sucina de Murcia o Las Palas de Fuente Álamo, también se construyeron ermitas en estos años, aprovechando el impulso de la diócesis y la necesidad de no descuidar la evangelización de pueblos tan dispersos.

Ermita de Dolores

     Con la nueva ermita, Dolores recibiría desde entonces un segundo topónimo, que hoy sólo queda en el recuerdo de sus habitantes: Ermita Nueva, lo que la distinguía de su poblado principal de Roda, que era la Ermita Vieja.

     Es en 1836 cuando Dolores de Pacheco se desliga de San Javier y se agrega a su topónimo principal el de Pacheco. Pequeña villa de agricultores, durante el siglo XIX seguía una Historia, tan común a otros pueblos del Campo de Cartagena, de labradores de cultivos de secano, las más de las veces arrendados a los grandes propietarios y, en ocasiones, comprados a ellos para seguir cultivándolas, pero en propiedad. Alguna de las casas de principios de siglo, la almazara y el viejo molino de Elisa vienen a ratificar los viejos recuerdos de la realidad de estas tierras de labor.

Testimonios de principios del siglo XX

     En 1920, según el testimonio del cartero del lugar, Dolores de Pacheco disponía de: "31 casas, un café, una hortalicería (sic), tres tiendas de comestibles, una panadería y una bodega".

     Los acontecimientos más significativos para la villa serían la donación en 1905 de terrenos para el cementerio parroquial, así como la pila bautismal para la Iglesia en 1907, y la casa parroquial en 1915, hechos que se suceden gracias a la generosidad de la familia Palarea.

     La llegada del alumbrado público o los sistemas de aguas potables, la creación de escuelas públicas, el crecimiento, en fin, del pequeño pueblo abarcaría buena parte de la centuria hasta la actualidad, siguiendo su trayectoria como territorio agrícola, pero en un marco muy evolucionado y especializado.

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