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Gregorio Madrid

Trovero
Trovero

Gregorio Madrid García (1870-1950)

Este trovero al que un sencillo monumento rinde homenaje en la capital municipal, Torre Pacheco, nació en 1870 en la pedanía de Balsicas  viviendo sus primeros años de vida en La Colonia de la Armida propiedad por aquel entonces de Antonio Torrijos.

Gregorio era un de los siete hijos de Mariano Madrid Gómez, natural de San Javier y Catalina García Manzanares, de Torre Pacheco.

La familia no siempre residió en Balsicas, pero tampoco llegó a dejar Torre Pacheco, antes de cumplir los 18 años se trasladaron a Lo Triviño y a San Cayetano. En esta última pedanía hizo sus primeros estudio Gregorio, además de en Balsicas.

A los 31 años contrajo matrimonio con Maria del Rosario García Zapata, natural de San Cayetano, en la ermita de las tierras de la Ermida, las mismas en las que había visto la luz, siendo la ceremonia un 18 de enero de 1902.

El matrimonio, sin salir de la tierra pachequeña, se instaló en el caserío de Los Infiernos, dónde Gregorio abrió una pequeña tienda de comestibles. Tuvieron ocho hijos y en 1922 se trasladaron a La Unión, concretamente al Llano del Beal, aprovechando el impulso económico de la actividad minera.

Gregorio y Mª del Rosario llevarían adelante un negocio de comidas mientras el trovero, como trabajo complementario, se encargaba de la vigilancia de la mina Julio César. En esta labor de vigilante nocturno compondría alguno de sus versos más destacados:

"Venus, antorcha brillante
lucero de la mañana
tu luz bella y rutilante
el firmamento engalana


Yo te saludo ¡oh, Lucero!
llena el alma de alegría
porque me anuncias el día
que tan anhelante espero"

Obra sobre Gregorio Madrid
Obra sobre Gregorio Madrid

Durante sus días en el Llano del Beal participó en muchas veladas troveras con algunos de los maestros del trovo más reconocidos como María, Castillo, Cantares o Ambrosio.

Llegada la Guerra Civil española, Gregorio Madrid, como tantos otros españoles, sufrió de cerca la tragedia, perdiendo a sus hijos Rosendo y Rosalía. En su poema Resignación podemos leer:


"yo guardo serenidad
como San Telmo en la gavia
durante la tempestad
Y cuando el trueno bravío
surge con saña iracundo,
por el inmenso vacío
cruza el pensamiento mío
el laberinto del mundo."

Terminada la Contienda Civil, Gregorio se iría a vivir, con su mujer y su hija mayor a Los Sauras de Camachos, al pie del Cabezo Gordo, relieve que alabaría en diversas quintillas.

Los últimos años de vida del trovero, pasados los setenta de vida, los dedicaba a entretenerse haciendo esparteñas y versos, ensalzando la torre de la Iglesia de Pacheco:

"Cuando tiendo en la noche silenciosa
a través de este campo extenso y llano
mi mirada afanosa
se detiene gozosa
en un punto lejano;
la Torre de Pacheco, ¡quien cercano
estar pudiera de ella!, pero no hay tal cosa,
no está el cielo al alcance de la mano."

El 13 de enero de 1950, a los ochenta años de edad, Gregorio Madrid dejaba su esparto y versos en el recuerdo de los que le conocieron. Fue enterrado en el cementerio de Balsicas.

En 1970 se recordaba el centenario de su nacimiento, y en honor a él se realizan aún hoy día veladas troveras. En 1983, el ayuntamiento de Torre Pacheco, inauguraba un monumento a Gregorio Madrid, su efigie en bronce reposa sobre un pedestal hecho con piedra del Cabezo Gordo.

 
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