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XLIX Festival Internacional del Cante de las Minas

Paco Vargas
Paco Vargas

La Unión, del 5 al 15 de agosto de 2009

POR FIN SE HIZO JUSTICIA A CHURUMBAQUE HIJO

Por Paco Vargas

    Más novedades en esta edición que sirve de antesala a las bodas de oro del Festival. Mucha propaganda de cara a la galería –nunca mejor dicho- y divertimentos superfluos, pero el resultado artístico global va perdiendo enteros cada año, pues la internacionalidad no debiera quedarse en que asistan concursantes de Japón o de Alemania, sino en un concepto cosmopolita y universal del arte flamenco. Pero de todo, nos quedamos con el triunfo del cantaor cordobés Rafael Carlos Espejo Moreno “Churumbaque Hijo” al que por  fin se le ha hecho la justicia que se le negó en otras ediciones.

    Si en la pasada edición el desembarco de políticos fue notable, en ésta ha quedado claro que el Festival está definitivamente en manos de ellos, lo cual tendrá sus consecuencias a corto y medio plazo si antes no ponen remedio a la atosigante presión y dirigismo de quienes sólo tienen en sus manos la voluntad de la papeleta de voto, pero la utilizan a su antojo para usar el Festival como moneda de cambio, sin tener en cuenta que el evento es la última mina que queda en La Unión y que debiera estar a salvo de veleidades político-artísticas más o menos afortunadas. En ese sentido, queda patente que los nuevos gestores del Festival quieren dejar su sello personal independientemente de que sea bueno o no. Por ejemplo, el empeño en mostrar los records que van ganando para diferenciarse de los anteriores. Algo que es loable pues ayuda a la transparencia, siempre bienvenida, si también se dieran a conocer otros logros menos brillantes. Verbigracia, las deudas con unos y otros, entre los que se encuentra la revista de flamenco El Olivo, a la que únicamente se le ha abonado un año de la publicidad contratada durante las tres últimas ediciones.

    En los muchos años que llevo en esto, únicamente había visto algo parecido en el festival “Málaga en Flamenco”, dirigido desde la Diputación de Málaga y personalizado en su presidente. El resultado final fue la desaparición del citado festival, una de las propuestas flamencas más interesantes de los últimos años. No estoy diciendo con esto que vaya a ocurrir con el Festival –ni es mi deseo, por eso escribo lo que escribo-, porque sería imposible por historia y por tradición; pero pudiera suceder que quedara seriamente dañado. Con todos mis respetos, un alcalde –aun siendo el presidente del Festival- no está para presentar los actos, su función es la de representar al Festival, ante las instituciones y personalidades, con altura y amplitud de miras. Para eso ya estamos los profesionales o en su defecto el director del evento, que lo es por ser el concejal de Cultura.

    A diferencia de otras ediciones, en las que reinaba un espíritu flamenco de convivencia, en ésta la tensión era palpable entre los miembros de la organización –incluido el entorno de aduladores y confidentes-, lo cual no ha hecho sino perjudicar la imagen del Festival o aspectos organizativos como el referente al tratamiento dado a los medios de comunicación –más de 150, otro récord anunciado-, que ha sido desigual –injusto, por lo tanto- y ha estado lleno de errores, toda vez que muchos de nosotros hemos tenido que andar a la caza y captura de una silla para poder trabajar, sin que supiéramos quién en concreto estaba allí para solucionar el problema. Los organizadores no debieran olvidar algo importante: todos y cada uno de los periodistas allí presentes hemos contribuido –alguno de manera crítica y la mayoría dando vaselina- a que el Festival sea conocido en el mundo entero.

    Si ya en la anterior edición se venía venir, en la tercera que organizan los nuevos gestores el giro localista/regionalista –y hasta ideológico- ha sido evidente: desde el pregonero, el escritor Sánchez Dragó, comunista arrepentido  transmutado en símbolo intelectual de la derecha, hasta la presentadora, tan joven y guapa como desconocedora de lo que presentaba, pasando por el incremento de los jurados murcianos. Es decir, que la línea universalista y cosmopolita que ha caracterizado al Festival en los últimos años está desapareciendo a favor de un concepto que se mira continuamente al ombligo, sin que los actuales gestores consigan conjugar lo local y lo universal, quizá porque no quieren ver lo evidente: que el sostén del Festival está fuera. Cuando no se ha querido reconocer lo anterior, el gran evento que hoy es ha caído en una depresión de la que siempre le ha costado salir. Sólo hay que echar mano a la historia más reciente para corroborar lo dicho.

Si lo dicho no se corrige, la nueva Fundación que se hará cargo del Festival está abocada al fracaso, por cuanto la cultura y la política son dos cosas absolutamente dispares que aun necesitándose debieran ir separadas, pues al final los intereses políticos acabarán por enrarecer al Festival Internacional del Cante de las Minas, uno de los grandes eventos flamencos que tienen lugar en los escenarios del mundo.

LOS PREMIOS

    Los premiados de esta edición han sido muchos, la organización ha sido generosa a la hora de agradecer servicios prestados. Esteban Bernal y Vicente Amigo, uno por justicia histórica y otro por su exitosa carrera, a la que ha contribuido el premio de guitarra “El Bordón Minero” que ganó cuando empezaba, han sido los homenajeados. El premio “Catedral del Cante”, nuevo en esta plaza, se ha creado para agradecer a España –“Es un premio a España”, dijo el alcalde sobre el escenario- su contribución a la defensa y difusión del flamenco. Todo eso para no reconocer que ha sido la joven ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, la que ha propiciado que el ministerio que dirige haya aportado al Festival el doble que la Consejería de Cultura de la Región de Murcia. Yo creo que hubiera sido más elegante ofrecérselo a la ministra –que fue quien lo recogió-, independientemente de su pertenencia a un gobierno que no es el del mismo color que el que dirige el Festival. La cortesía y la cultura debieran estar por encima de banderías políticas.

En cuanto a los galardonados en la X Convocatoria Cultural Internacional, observamos disparidad de criterios a la hora de su concesión, tanto más cuando vemos que ha desparecido la denominación de algún premio y han aparecido otras, lo cual da una sensación de poca seriedad que coadyuva a la pérdida de prestigio de estos premios, pues parece como si se crearan para darlos por encargo. Con todo, no estamos diciendo que estén mal dados, sino que no se atienen a unos criterios predefinidos.

LA AGENDA CULTURAL

    Como cada año, las actividades paralelas han sido muchas, desde los consabidos homenajes y reconocimientos hasta las conferencias pasando por las presentaciones, pero sigue faltando un hilo argumental: qué ocasión se ha perdido para haber rendido un homenaje serio a Antonio Mairena –o a Caracol, La Niña de la Puebla o Antonio El Sevillano- con motivo de su centenario, pues si es cierto que se le ha recordado en una mesa redonda en la que se limitaron a recordar su paso por La Unión –en un ejercicio de entrañable nostalgia-, Mairena fue un maestro cuya figura se merece otro trato. Otra opción, como se hizo en otras ediciones con otros homenajeados, hubiera sido tratar analíticamente el rico mundo de la guitarra flamenca a través de la figura de Vicente Amigo, artista al que se le ha dedicado el Festival. Pero ni una cosa ni la otra, se han mezclado churras con merinas sin saber muy bien qué objetivos se perseguían. No podemos pasar por alto, sin embargo, el hecho de que la Peña Flamenca más antigua del mundo, La Platería, haya entregado la Llave de Oro de la entidad al Festival como reconocimiento a su labor en pro del flamenco en los cuarenta y nueve años que lleva celebrándose.

LAS GALAS

    De las galas flamencas realizadas en la primera parte del Festival hemos asistido a tres de ellas, que se han caracterizado por un lleno absoluto aunque el resultado artístico no haya sido igual ni el deseado por quienes siempre esperamos algo más de este gran festival. De la programación, no entendemos la presencia de Niña Pastori, muy alejada del concepto clásico del flamenco que se pretende defender en La Unión. Ni la del bailarín Rafael Amargo, cuando hay bailaores y bailaoras de una categoría inmensa que, aunque salen menos en la televisión, representan al mejor baile flamenco de ahora. Como no acabamos de comprender el empeño en mantener espectáculos tipo festival veraniego, largo y plúmbeo, cual fue el caso del que presenciamos el domingo 9 de agosto y del que hablamos a continuación.

GUILLERMO CANO

    Este joven cantaor de Huelva, que compartió cartel con El Capullo de Jerez y Mariana Cornejo, hizo vibrar al respetable la noche del día 9 haciendo gala de una entrega y una profesionalidad dignas de mayores éxitos, aunque de seguir por este camino éstos no tardarán en llegar pues condiciones no le faltan a este artista que tiene su norte en la estética de voces legendarias como las de Marchena y Valderrama. Su actuación estuvo llena de momentos emocionantes que no pasaron desapercibidos al gentío que llenaba la Catedral del Cante. Demostró que es un cantaor largo, de afinada voz y gusto exquisito a la hora de interpretar determinados estilos. Si a eso añadimos su facilidad para conectar con quienes escuchaban en respetuoso silencio, pues su éxito estuvo asegurado oscureciendo el de sus compañeros de cartel que pasaron sin pena ni gloria por el proscenio del antiguo mercado, pues si la cantaora de Cádiz nos ofreció su repertorio de siempre, el cantaor jerezano se limitó a sus consabidos tangos y a sus personales formas por bulerías, aunque sin la inspiración que lo caracteriza y que lo hace ser diferente.

ARGENTINA

    María Argentina López Tristancho “Argentina”, también de Huelva, llegaba a La Unión por vez primera, cargada de responsabilidad y de nervios. Se le notó el envaramiento desde el principio, pero supo sobreponerse hasta completar una actuación redonda, llena de flamenquería y muy de acuerdo con su concepto del cante, casi siempre alrededor de las formas clásicas que siempre adorna con matices propios ayudada por una voz hermosa y envolvente de gran solvencia a la hora de interpretar los muy distintos estilos que domina. No soy partidario de dar consejos a los artistas si éstos no los piden, pero me permito darle dos a la joven y guapa cantaora: en lo estético, debiera cambiar de asesor de imagen; y en lo artístico, tal vez precise de otros músicos para llevar su cante a ese lugar reservado a los elegidos en el que sin duda ella tiene un hueco entre los mejores.

Con ella estuvo el bailarín granadino Rafael Amargo, que nos ofreció retazos de sus distintos espectáculos ya conocidos sin más hilo argumental que la puesta en escena de las diferentes estampas por medio del cuerpo de baile y las esporádicas apariciones que hizo cada vez que se cambiaba de traje. Hoy el espectáculo de determinados artistas jóvenes está más cerca de un desfile de modelos que de una función flamenca, cual fue el caso; pues a pesar de los inoportunos “óles” de un espectador pesado, que parecía pagado por la organización para hacer de claca, y de las salerosas palmas de un público esnob y nada entendido, lo cierto es que Amargo corroboró lo que ya sabemos, que su baile está lejos de ser flamenco y muy cerca del glamureo y del papel cuché: mucha pose, mucho brindis al sol, pero poca sustancia y ninguna emoción. Bailaores mejores que él se encuentran a diario en tablaos y compañías ganando lo justo para vivir, pero esta vida es así de injusta.

VICENTE AMIGO

    Si tuviéramos que decir el nombre de un triunfador en esta edición del Festival Internacional del Cante de las Minas no lo dudaríamos, sería el del guitarrista sevillano, recriado en Córdoba, al que se le ha dedicado el Festival. Lo de estar o no preparado para recibir un homenaje de esta importancia, según declaró, no lo sabemos; pero de lo que sí estamos seguros es de que nos encontramos ante uno de los mejores guitarristas flamencos de todos los tiempos y delante de un gran músico que es capaz de convertir en arte todo lo que toca. Una actuación de casi dos horas llenó de los mejores sones la difícil acústica de la catedral flamenca, ya fueran de obras anteriores o del último disco que está presentando por el mundo, pues hasta con esta obra ha conseguido un directo que gana en flamenquería con respecto a la grabación original, más suave y vendible pero poco flamenca en la mayoría de sus temas musicales. Nos gustó todo el concierto, desde la soleá inicial hasta las bulerías finales –cuánto arte en las voces de Rafael de Utrera y Miguel Ortega-, pasando por la taranta y la farruca o por todos los temas adaptados para la emoción del momento que siempre ofrece la música en vivo.

    Descubrir a estas alturas a Vicente Amigo es como descubrir la Mezquita, pues todo el mundo da por sabida su grandeza, aunque no todos se paren a reflexionar que ésta viene derivada de su humildad artística y su profesionalidad, su responsabilidad y su compromiso. Si su objetivo era que lo pasáramos bien el rato que estuvimos juntos, lo consiguió con creces: cuando abandonó el escenario la emoción de los miles de corazones que allí nos encontramos chorreaba por las paredes de la vieja Catedral del Cante, que esa noche se convirtió en la Catedral de la Música gracias a la guitarra de un genio llamado Vicente Amigo

LOS CONCURSOS

    Siguiendo con la línea emprendida por los nuevos rectores del Festival, un nuevo concurso se venía añadir a los ya existentes, el de instrumentista flamenco premiado con el galardón “El Filón”, para aquellos músicos e intérpretes que dominen algunos de los diferentes instrumentos que en la actualidad forman parte de la música flamenca. La idea no es mala, pero quizá esté mal desarrollada toda vez que alarga la final -¡seis horas duró la gran noche!- y no descubre nada nuevo ni añade ni quita a lo ya existente. Hubiera sido más fácil premiar a los instrumentistas  que vienen acompañando a los artistas y concursantes a lo largo del Festival sin necesidad de convocar un concurso específico. De esa manera se hubiera ahorrado tiempo y dinero a la par que se incentiva la actuación de estos músicos, siempre en un segundo plano. Con todo, es pronto para valorar la innovación y habrá que esperar su evolución en el tiempo. A la fase final llegaron dos pianistas, Abdón Alcaraz Rodríguez –de Murcia- y Borja Muñoz Herrera “Borja Évora” –de Cádiz-. El jurado se inclinó por el segundo, más delicado –y con más apellido artístico-, pero menos flamenco que el primero.

    En esta edición se han restañado algunas de las injusticias que tuvieron lugar el pasado año: la primera y principal, otorgar la Lámpara Minera a Rafael Espejo “Churumbaque Hijo”, pues volvió a confirmar que es uno de los mejores cantaores que han pasado por La Unión en los últimos años. La segunda, darle a José Andrés Cortés el Bordón Minero que en la anterior edición se le negó sometiéndolo a una humillación innecesaria. La tercera, conceder a José Luís Villena “Niño Aurora” el premio de Cartageneras como desagravio a lo que no debió suceder en la anterior edición.

    Por lo demás, el Premio “El Desplante” fue concedido justamente a la bailora sevillana Ana Morales, mientras que el resto de premios menores estuvieron repartidos de manera compensatoria y equitativa.

    Seguimos sin entender, sin embargo, que se admitan concursantes para la final cuando no tienen posibilidades, cual fue el caso de la japonesa Keiko Inoue –por aquello de la cuota internacional, supongo-, o que se dejen algunos premios desiertos haciendo que los concursantes se vayan de vacío a casa después de cuatro días como ocurrió a Chato de Vélez, Antonio Ortega, El Corolaito, Cristina Soler o Aroa Cala. Puestos a declarar desiertos los premios establecidos en las bases, o se es riguroso desde el principio o se dan todos los previstos, teniendo en cuenta que muchos de los concursantes no tenían la calidad mínima para estar en la fase final de los distintos concursos.

    En este sentido, antes de meterse a crear nuevos concursos se debiera encarar la reforma de las actuales bases, necesitadas de una profunda revisión, que ha de empezar necesariamente por la selección previa que se realiza a lo largo de varios meses por distintos lugares de la geografía española. Hasta que esto no ocurra, seguiremos asistiendo año tras año a la repetición de los mismos concursantes, al aburrimiento y a la rutina, con el consiguiente deterioro del concurso. Y entre tanto, potenciales concursantes de categoría contrastada se niegan a presentarse ante las dudas que le plantea el actual método de selección.

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