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La Riada de Santa Teresa (1879).Una tragedia en la Huerta de Murcia

Portada de la publicación Paris-Murcie

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Ilustración interior de la publicación Paris - Murcie

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Páginas 12 y 13 de la publicación Paris - Murcie [Paris - Murcie]
Páginas 12 y 13 de la publicación Paris - Murcie


    En la ciudad de Lorca, que era atravesada por una lengua de agua de más de veinte kilómetros, se pudieron calcular 1.450 metros cúbicos. En el puente de hierro que había en la carretera de Cieza a Mazarrón y en el que se unía con Totana, la violencia de los destrozos producidos sorprendió a los peritos como inexplicable. Igualmente, el agua destruyó las presas del Paretón y con nuevos desbordamientos arrasó los campos, casetas y barracas en las vegas de Totana, de Alhama y de Librilla.

    Por Caravaca y Cehegín las aguas destrozaron los instrumentos para el riego y malograron las cosechas de patata y panizo; el río Mula cegó los veneros del barranco de Ucenda y destruyó gran parte de la presa vieja. Por otro lado el Mundo y el Alto Segura habían dañado las tierras ribereñas. En Cieza fueron en poco tiempo destruidos los frutales, quebradas las acequias y obras de defensa.

La riada a su llegada a la capital

    Sobre las 9 de la noche el caudal del Reguerón, desbordado por ambas orillas, inundó Beniaján por su margen derecho mientras que por su lado izquierdo cubría toda la huerta hasta el Segura, haciéndose una única corriente que se separó en las Puertas de Murcia tras destruir la Raya, Puebla de Soto y Aljucer, además de Rincón de Seca, Nonduermas y Era Alta. Finalmente convergió a las dos de la madrugada sobre el Barrio del Carmen irrumpiendo el agua por la calle Cartagena y por la Alameda de Colón, precipitándose al río Segura por el Molino de las Veinticuatro Piedras donde el agua encontraba su punto más culminante.

    El teniente alcalde mandó entonces el repique de las campanas de la Catedral y pronto lo secundaron las de todas las parroquias y conventos. La fábrica de gas se había inundado por lo que la ciudad quedó a oscuras.

    El Segura, que por su margen izquierdo había inundado La Albatalía llegando a Espinardo, Churra, Monteagudo, Puente Tocinos y El Raal, estrechaba a Murcia por el Oeste y por el Norte. El mayor frente de las aguas se adueñaba del Malecón saltando al centro de la ciudad e inundando dos barrios completos, junto con multitud de calles y plazas. El hospital, la cárcel y el instituto quedaron bajo el agua. Frente al Palacio del Almudí llegó a subir el río hasta diez metros y medio sobre el nivel de la calzada. Era un caudal de unos 1.890 metros cúbicos por segundo según se pudo constatar por la mañana cuando, tras un descenso a 1.640 metros cúbicos, marcaron la cima de la onda en 1.700 metros cúbicos.

    Aguas abajo de Orihuela, fueron quince los términos municipales que padecieron la riada hasta la desembocadura del río Guadamar.

    En Murcia se contaron 761 muertos, más 13 de Lorca, 2 de Librilla y 1 en Cieza. Los periodistas de la época relataron los detalles de la riada y las infinitas tragedias de las de más de 7.000 familias murcianas que quedaron en la miseria. Las viviendas completamente destruidas, entre casas y barracas, fueron 5.762 en Murcia y Lorca. Nonduermas desapareció por completo y el número de animales muertos fue de 22.469.

    Después de la retirada de las aguas quedó a la vista un enorme depósito aluvial, con diferentes espesores de arenas y tarquines conforme a la distinta velocidad del agua en cada punto.

Visita del monarca Alfonso XII

    El día 20 de octubre llegaba el monarca don Alfonso XII a la estación de Alcantarilla, pues no se logró restablecer a tiempo la de Murcia, donde fue recibido por el Gobernador Civil, miembros de la Diputación Provincial, el Ayuntamiento de Murcia y demás representaciones militares y civiles que el protocolo exigía.

    El rey hizo un minucioso recorrido por Murcia y Orihuela, deteniéndose a hablar con los afectados y siendo aclamado por miles de huertanos. El día 22, tras ser agasajado por el Ayuntamiento en una solemne recepción, fue despedido en la estación por una muchedumbre innumerable y clamorosa; las gentes lo apodaron "el padre de los pobres".

    El viaje del Rey acercó la importante catástrofe a toda la nación y diferentes periódicos de época iniciaron campañas para pedir ayudas, entre ellos El Imparcial, que inició una campaña nacional de suscripciones y todas las provincias españolas aportaron su donativo –desde Madrid, que aportó 841.696 pesetas, hasta Segovia que dio 102 pesetas–.

    La reina Isabel II, desterrada en París, consiguió entre loterías extraordinarias, bailes principescos y la edición de un periódico titulado Paris-Murcie, recaudar la cantidad de 43 millones de las antiguas pesetas.

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