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Sobre el bosque de Sierra Espuña y diversos aspectos de los pinares murcianos

Collado del Pilón
Bosque de pino carrasco de Sierra Espuña, al fondo el Morrón de Totana
© José Antonio López Espinosa

Sierra Espuña, un ejemplo de repoblación.

La masa forestal de sierra de Espuña es resultado de un excelente trabajo de repoblación dirigido hace ya más de un siglo por el cartagenero Ricardo Codorniú. En la sierra, entre el bosque frente a la casa forestal de Huerta Espuña, y en la ciudad de Murcia, bajo el gran Ficus de la plaza de Santo Domingo -que también plantó-, se erigen bustos merecidamente en su honor.

El bosque de Espuña está constituido mayoritariamente por pino carrasco (Pinus halepensis), con rodales de Pino rodeno (Pinus pinaster) en las umbrías, como en Peña Apartada, y pino blanco (Pinus clusiana =Pinus nigra subsp. salzmanii) en la zona alta, cumbres que aun cuentan con reductos naturales de este último. En las vaguadas y zonas más húmedas se introdujeron robles (Quercus faginea, Quercus canariensis), fresnos (Fraxinus angustifolia, también Fraxinus ornus) chopos y álamos (Populus nigra var. italica, Populus alba), olmos (Ulmus minor, Ulmus glabra) y diversos sauces, entre los que destaca Salix neotricha. Menor peso se le dio en la repoblación al carrascal de carrasca o encina levantina (Quercus rotundifolia), cuyas manchas y pies aislados en la sierra suelen tener origen natural, individuos relictuales de lo que fue el bosque de Espuña, antes de que fuese talado en su mayor parte para la industria naval de Cartagena, en auge y con gran demanda maderera hasta finales del siglo XIX y principios del XX. Podemos ver carrascas al pie de los canchales de la umbría del Morrón Chico de Alhama, y también acantonadas y refugiadas en los roquedos y cumbres del Morrón de Totana. Y respecto a los robles es Bosque maduro de pino carrasco (Pinus halepensis), Sierra Espuñareseñable que la mayoría, incluido el autóctono, el quejigo (Quercus faginea), fueron introducidos en la repoblación, salvo posiblemente los que hay subiendo al collado Bermejo, cerca del cruce con el camino que lleva al restaurante de la Perdiz.

Es tal el desarrollo del pinar en Espuña que sus montes cuentan con grandes manchas de pinos de valiosa calidad maderera, de categoría fustal, con gruesos y altos troncos, como los que podemos observar, por ejemplo, en las inmediaciones de la Fuente del Hilo. Para ver pinares similares a estos tendríamos que desplazarnos al Noroeste de Murcia.

Otras repoblaciones de pinar¿

En tiempos más recientes, hace varias decenas de décadas, las repoblaciones realizadas en montes públicos y concertados, han originado bosques con suerte y naturalidad desigual, algunos no merecen llamarse más que plantaciones de pinos. El planteamiento y las condiciones climáticas de los años posteriores no ha sido ni acertado ni favorables, respectivamente.

En el mejor de los casos se ha conseguido un denso dosel arbóreo que sólo aporta color verde al paisaje, como el pinar adyacente a la bahía de Portman, al pie del Monte de las Cenizas (Cartagena). Se desarrolla sobre desechos mineros y sus árboles tienen troncos que no corresponden a la edad que cuentan, pero sobre todo este bosque presenta menos valores naturales que las comunidades que remplazaron en su día los desechos mineros, formaciones vegetales que hoy se encuentran en las inmediaciones y pueden reconocerse en los pequeños barrancos que lo surcan. Se trata de matorrales termófilos con notables iberoafricanismos, como la sabina de Cartagena (Tetraclinis articulata), el cornical (Periploca angustifolia), el arto (Maytenus senegalensis subsp. europaea) y diversos endemismos exclusivos del sureste y de las sierras cartageneras.

Otros bosques, de escasa naturalidad, poco han cambiado desde que tuvo lugar la repoblación; el aspecto es prácticamente el mismo, como si se hubiese realizado hace 10 años -habiendo transcurrido más de 30 o 40-. Los pinos, plantados en hileras a favor de las cotas altitudinales y con pocos metros de altura, en muchos casos enanos, no han llegado ni llegarán a formar el bosque que se pretendía conseguir en unas pocas décadas. Sustratos poco adecuados, más valiosos sin los pinares -como las zonas yesíferas- y la sustitución del techo de la vegetación propio de muchas zonas de Murcia, despreciados por tratarse, por ejemplo, de espartales, son las causantes de estas nefastas repoblaciones tan mal planificadas, producto de las mismas políticas forestales que introdujeron Eucaliptos (Eucaliptus camaldulensis) en muchas ramblas y hacían prevalecer el valor de los pinos sobre cualquier otro tipo de formación vegetal. Podemos ver algunos ejemplos en el Salmerón (Moratalla), el paisaje lunar, detrás del Monte El Valle (Murcia) -que por lo menos parece va desarrollándose poco a poco-, diversos enclaves de la sierra de la Almenara (Lorca), etc.

Puente del Perdigón, sobre el río Espuña
Roble (Quercus canariensis), especie alóctona introducida en el bosque de Espuña
© José Antonio López Espinosa
Nuestros bosques, olvidados después del fuego

Tras los incendios son recomendables diversas tareas de planificación en aquellos terrenos de evidente vocación forestal, que en la actualidad, y desde las repoblaciones de los años 60, en muchos casos tan poco acertadas -como se ha comentado-, no se realizan. El aclarado es prácticamente nulo y da lugar a impenetrables masas monoespecificas de pinos -en la zona baja de las sierras afectadas por el fuego o donde se acumularon mayor cantidad de semillas en los montes incendiados-, que invaden las zonas más fértiles y desplaza a otras especies que también sobrevivieron o rebrotaron.  Esto ocurre, por ejemplo, en la Sierra de la Muela, en las proximidades de las Murtas (Moratalla), donde más de 35.000 hectáreas ardieron en el gran incendio de 1994. Y en Atamaría, cerca de la Huerta Calesa y el campo de Golf de la Manga Club (Cartagena), donde en este caso particular (véase Regeneración postincendio, densidades muy elevadas de pinos que requieren aclaradofotografía), el lugar que antes eran suelos poco profundos con contados pinos adultos dispersos y predominaba el espartal con sabina de Cartagena y una enorme diversidad de especies, ha sido ocupado por numerosos rodales enmarañados de pinos jóvenes, transformando el paisaje y sustituyendo formaciones vegetales únicas en el contexto europeo.

Los efectos de la sequía

Y volviendo al bosque de Espuña. A pesar de ser un ejemplo de repoblación y encontrarse en una zona de mayores precipitaciones que los territorios aledaños, el denso pinar sobre sustratos poco profundos de la parte baja ha sufrido gravemente los efectos de la peor sequía que se conoce desde que se tienen registros climatológicos en Murcia. Quién haya subido a la sierra durante la primavera habrá observado como muchos pinos amarilleaban, precisamente la época en la que se desarrollan nuevas ramas y hojas y el pinar alcanza todo su esplendor. Sequías como esta, de repetirse -y las previsiones así lo apuntan- condenan al pinar de la parte baja de Espuña ¿y al de muchas otras zonas de Murcia- a desaparecer y ser reemplazado por la formación que corresponde a estos lugares, dominada mayoritariamente por un espartal-romeral con lentiscos y espinos. Este es el futuro de muchos pinares murcianos.

José Antonio López Espinosa

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